OMPRESS-CHAD (4-05-22) Mons. Miguel Ángel Sebastián, obispo de Sarh, en la zona sur de Chad, cerca de la frontera con la República Centroafricana, escribe de las alegrías y pruebas que experimenta en este rincón de África. Misionero comboniano, lleva 23 años como obispo, primero en Lai y ahora en Sarh.

“Sarh, lunes de Pascua 2022. Estimados amigos: Hoy he decidido descansar todo el día, pues he acabado los días de Semana santa muy cansado, pero eso no me impide de escribiros para contaros cómo va mi vida por estas tierras.

Este curso pastoral empezó bien, con un nuevo Plan pastoral diocesano que hemos estrenado, fruto de un trabajo sinodal en donde todas las comunidades (sacerdotales, religiosas, cristianas) han participado y que servirá para orientar nuestras actividades pastorales. Las prioridades son: el compromiso de los cristianos, en la Iglesia, la sociedad y la política; la pastoral de las vocaciones; el compromiso para acabar con la pobreza y las injusticias a través de la Caritas; la educación y la comunicación social. Nos hemos dado un tiempo largo de diez años para llevar a la práctica las acciones y actividades. La mayoría de nuestros fieles son agricultores y por eso las cosas van despacio, hay que tomarse las cosas con calma.

Estos días son días en que miles de catecúmenos reciben el bautismo; la mayoría siguen siendo adultos, pero hay cada vez más jóvenes y adolescentes. Yo bauticé ayer 86 en un pueblo a 72 km de Sarh, cerca del pueblo de Sandana del que hablaré luego. Otro motivo de alegría es el grupo de jóvenes candidatos al seminario mayor, con los que he pasado tres día de convivencia; son una veintena de los cuales 5 ya han obtenido el bachillerato, los otros harán el examen al final de este curso.

Pero todo no es alegría. Ya en el mes de octubre, durante la visita a la diócesis del Nuncio apostólico, Mons Santiago De Wit, valenciano aunque de ascendencia holandesa, la muerte llamó a nuestras puertas llevándose a uno de los sacerdotes más jóvenes de la diócesis, con solo 5 años de sacerdocio, y muy querido por su gente. Fue un momento de gran sufrimiento, pero al mismo tiempo reforzamos la unión de todos los fieles alrededor de sus pastores.

Otro momento muy difícil para todos ha sido la masacre perpetrada, el día 9 de febrero, por un grupo de pastores árabes contra un pueblo de la diócesis (Sandana) en donde dos años y medio antes ya había habido 8 agricultores muertos y 3 pastores, además de heridos y de saqueos. Los pastores, cuando son ellos los que matan, no pasa nada e incluso muchas autoridades, administrativas, judiciales y militares los sostienen; cuando ellos pierden a alguien, entonces es la venganza, con muerte y destrucción. Esta vez ha sido el accidente de uno de ellos, que ya había participado en las muertes de 2019, había ido a la cárcel, pero liberado sin juicio. Iba en su moto y se cayó matándose en el momento. Los suyos se vengaron acaudillados por otro de los asesinos del 2019 que también había sido liberado de la cárcel sin juicio. Hoy en día aún estamos esperando que los autores de ese odioso crimen sean detenidos y sean llevados ante la justicia. Ha habido mucha reacción por todas partes, a nivel nacional también. Pero, aunque estemos reclamando justicia, los ‘grandes’ quieren que se olvide todo dando dinero o imponiéndose, pero las familias de las víctimas no quisieron coger el dinero que se les ofreció y siguen reclamando justicia.

Para que entendáis un poco mejor todo esto, tengo que añadir que muchos de esos pastores llevan bueyes propiedad de gente importante del régimen (militares o civiles) y llevan armas de guerra. Esto está prohibido, pero no se ha hecho casi nada por recuperar esas armas de manos de los civiles. Después de la masacre han enviado a muchos grupos de militares a buscar las armas… pero ha sido como una tragicomedia, pues no han buscado las armas en donde están, además han torturado a pacíficos ciudadanos para buscar información.

Estos dos sucesos nos han impactado mucho. ¿Qué quiere Dios de nosotros con estas pruebas? Yo he dicho que, como ‘Iglesia familia de Dios en misión’ (el slogan de nuestro Plan pastoral), lo tenemos claro: basta ponernos manos a la obra para implementar dicho Plan. Como personas individuales, cada uno tiene que responder a esa pregunta: laicos, consagrados y sacerdotes. Yo personalmente pienso que el Señor me pide de estar más aún más cercano a los sacerdotes y comprometerme más para actuar nuestra tercera prioridad: trabajar para reducir la pobreza y las injusticias.

Espero que todos vosotros gocéis de buena salud física y moral. Pido al Señor Resucitado que os llene de gozo y de paz, y haga fructífera vuestra vida”.