OMPRESS-TANZANIA (28-10-21) Los Misioneros de la Consolata llevan en su ADN el “Dios, fuente de toda consolación”, que contemplan en la Virgen de la Consolata, que “es nuestra madre tiernísima, que nos quiere como a la pupila de sus ojos”, que decía su fundador el beato José Allamano.

Es lo que hace el padre Luis Zubia, que lleva más de 50 años en Tanzania. Toda una vida dedicada al Evangelio y consolando al pueblo de Dios Al llegar a Tanzania, el padre Zubia trabajó entre los Wahehe, Wabena, Wakinga y Wagogo en numerosas misiones como Kisinga, Tosamaganga, Ng’ingula, Madege y Sanza. Hoy, pasados los años, es capellán en el hospital de su congregación en Ikonda, Tanzania. Durante ocho años ha acompañado la enfermedad, el dolor y la esperanza de los muchos enfermos a los que visita. Los padres William Mkalula, Marco Turra y Riccardo también trabajan con él en el hospital Ikonda

Como señalan desde su congregación, también en esa parte del mundo el covid se ha hecho sentir con fuerza. El padre Zubia, con 78 años sobre sus hombros, no se asusta ni se rinde: toma todas las medidas posibles cada vez que visita a los enfermos, se protege para proteger, pero hay que estar cerca de ellos: “Tenemos enfermos de todo tipo y de todas las confesiones religiosas, pero todos piden rezar por ellos. No importa si son musulmanes, cristianos o de otras religiones”, explica el misionero, “al final todos tenemos el mismo Dios de alguna manera”.

Y cuenta que “hago mi ronda entre los enfermos temprano por la mañana y luego la vuelvo a hacer inmediatamente después del almuerzo: hay quienes quieren escuchar una palabra de consuelo, otros piden el sacramento de la reconciliación y la sagrada comunión”. Al terminar del día, los padres y hermanas que trabajan en el hospital y todos aquellos que pueden se reúnen para celebrar la Eucaristía. “Estoy contento de ofrecer este servicio de consolación a los débiles, es obra de nuestra Madre Consolata, es ella quien lo ha querido y es ella quien lo sostiene. Para los más pobres”.