OMPRESS-CAMBOYA (5-05-22) Este joven seminarista, al que tiene la alegría de apoyar económicamente, la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, a través de la Jornada de Vocaciones Nativas, habla de la influencia que tuvo en su vocación, Mons. Joseph Chhmar Salas, primer obispo camboyano de Phnom-Penh, asesinado en los campos de trabajo comunistas.

Lo Kroem tiene 23 años y nació en la provincia de Kampot, Camboya, en una familia budista. Hoy se prepara para estudiar Filosofía en Saengtham College, Tailandia. Es uno de los más de 75.000 seminaristas de todo el mundo que apoya la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, la dedicada a las vocaciones en las nuevas Iglesias y que busca que ninguna de ellas se pierda por falta de medios económicos. Como su diócesis Phnom-Penh, la capital de Camboya, no puede mantener un seminario, Lo Kroem tiene que estudiar en la vecina Tailandia. Aunque no tenga seminario lo que sí tiene Phom-Penh es un pasado de heroísmo, con misioneros que entregaron literalmente su vida por la misión y vocaciones autóctonas que lo dieron todo por su fe y el cuidado pastoral de su pueblo.

En 1975 los jemeres rojos comunistas se hicieron con el poder en Camboya, lo que llevó, en los siguientes cuatro años, a lo que se conoce como el “genocidio camboyano” con la muerte de casi tres millones de personas, en una población de tan solo ocho millones. Los misioneros extranjeros fueron expulsados del país y los sacerdotes y religiosas y religiosos camboyanos fueron prácticamente aniquilados. Uno de ellos fue Mons. Joseph Chhmar Salas. Ante la perspectiva de la expulsión de los misioneros, el entonces arzobispo de Phnom-Penh, Mons. Yves-Marie Ramousse, miembro de las célebres Misiones Extranjeras de París, logró, con el permiso de Roma, consagrar obispo a Mons. Salas el 14 de abril de 1975, solo tres días antes de que los jemeres rojos tomaran la capital de Camboya. Mons. Salas acabaría sus días solo dos años después, en uno de los “campos de la muerte” que salpicaron Camboya.

Lo Kroem reconoce que el testimonio de Mons. Salas le ha influido mucho, “cómo sacrificó su vida y cómo cuidó a su gente en Camboya durante los Jemeres rojos a pesar de que sabía que podía morir o que lo matarían”. A veces, reconoce este joven camboyano, no se siente los “suficientemente bueno para convertirme en sacerdote”, pero la valentía de los católicos camboyanos y el recuerdo de su sacrificio le dan fuerza. Por eso, agradece el apoyo de la Obra de San Pedro Apóstol y de todos los que colaboran con la Jornada de Vocaciones Nativas. Por eso, en su seminario, en Tailandia, no olvidan nunca rezar “por estos bienhechores que nos sostienen”.