OMPRESS-MYANMAR (21-06-21) Precisamente en el Día Mundial del Refugiado, que se celebraba ayer, el Papa se unía a las declaraciones de los obispos de Myanmar y pedía la paz para este país, inmerso en un conflicto en el que “el hambre de personas inocentes es la experiencia más desgarradora”. El Papa Francisco lo hacía ayer en el ángelus: “Uno mi voz a la de los obispos de Myanmar, que la semana pasada lanzaron un llamamiento atrayendo la atención del mundo entero sobre la desgarradora experiencia de miles de personas que en ese país están desplazados y están muriendo de hambre: «Nosotros suplicamos con toda la gentileza permitir pasillos humanitarios» y que «iglesias, pagodas, monasterios, mezquitas, templos, como también escuelas y hospitales» sean respetados como lugares neutrales de refugio. ¡Que el Corazón de Cristo toque los corazones de todos llevando paz a Myanmar!”.

El pasado 12 de junio, tras su Asamblea Plenaria, los obispos de Myanmar pedían un “corredor humanitario” para miles de personas, atrapadas en zonas de conflicto. También pidieron respeto por los lugares de culto donde muchos civiles inocentes han buscado refugio. Varias iglesias en la diócesis de Loikaw, fueron objeto de fuego de artillería y las miles de personas que se habían refugiado en ellas tuvieron que huir de nuevo a la jungla. De hecho, a fecha 7 de junio, dijo, se habían establecido 23 campamentos para desplazados internos y alrededor de 45.000 desplazados estaban bajo el cuidado de la Iglesia católica en la diócesis de Loikaw. Un llamamiento que hacían movidos solo por motivos humanitarios: “No somos políticos, somos líderes religiosos, que acompañamos a nuestra gente en su camino hacia la dignidad humana”.

A todas las diócesis de Myanmar pedían además que ofrecieran una misa diaria por la paz y la reconciliación del país, rezaran al final de todas las misas la oración preparada por la Conferencia Episcopal para unirse por esta intención, se tuviera una hora de adoración diaria solos o en grupo y se recitara el rosario, pidiendo protección a María.

Terminaban su mensaje implorando a todas las partes que trabajaran por la paz. La nación necesita “invertir en paz”, porque “nadie ha ganado una guerra en este país”, añadían, recordando los 70 años de conflictos que no han beneficiado a nadie. “Este país merece unirse a la comunidad de naciones, dejando su pasado para la historia e invirtiendo en la paz”.

Mons. Lucius Hre Kung, obispo de Hakha, contaba a SIR, la agencia de la Conferencia Episcopal Italiana, que el 16 de junio, los militares, irrumpiendo en su residencia, arrestaron y luego liberaron después de un interrogatorio al padre Michael Aung Ling, párroco de la iglesia católica de St. Joseph en Kanpetlet. “Los militares pensaron que el P. Michael Aung Ling apoyaba al Movimiento de Desobediencia Civil (MDL) y guardaba armas. Pero como el interrogatorio salió bien, fue enviado a casa a las 7 de la tarde del mismo día”. No es la primera vez que los militares entran por la fuerza y dañan iglesias y monasterios. “Recientemente, las fuerzas militares también han entrado en la iglesia del Sagrado Corazón en la ciudad de Mindat”, añadía Mons. Kung, “donde llevaron a cabo una inspección. Esto sucede porque el ejército tiene información incorrecta. Sospechaban que la iglesia escondía armas para las Fuerzas de Defensa de Chinland. Pero eso no es cierto, eso nunca ocurre en nuestras iglesias”. Lo que sucede en cambio es que las iglesias a menudo se convierten en lugares de refugio para personas desplazadas, en su mayoría mujeres y niños, que huyen de sus hogares debido a los enfrentamientos: “También en la iglesia del Sagrado Corazón en Mindat, el párroco abrió las puertas a los refugiados evitando así que la gente se adentrara en la selva donde es muy difícil llegar a ellos y distribuir ayuda humanitaria”.