OMPRESS-MADRID (21-02-22) El pasado jueves y viernes, 17 y 18 de febrero, tenía lugar en Madrid el encuentro de empleados y voluntarios de las delegaciones de misiones y de las Obras Misionales Pontificias. Ha sido el primer encuentro presencial a nivel nacional tras la pandemia, y ha reunido a un centenar de personas llegadas de las diócesis españolas.

Mons. Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona-Tudela, presidente de la Comisión Episcopal de Misiones, inauguraba el jueves por la mañana el encuentro transmitiendo el mensaje del Papa Francisco que recientemente había recibido a los obispos españoles en visita ad limina. Los cuatro puntos que les transmitió a los prelados son aplicables a este encuentro: oración y vida sacramental; quererse unos a otros y que no existan rupturas de la comunión; extender ese amor a los demás, sobre todo a los pobres; y, finalmente, tener muy presentes a los que están separados de la Iglesia y alejados. Es en torno a esto donde tenemos que fraguar nuestra experiencia misionera. Por su parte, José María Calderón, director nacional de las Obras Misionales Pontificias, subrayó la importancia de hacer este encuentro de manera presencial, por la riqueza de la convivencia y la transmisión de experiencias, además de agradecer el trabajo que se lleva a cabo en las delegaciones de misiones, que son las que hacen posible que la misión esté presente en cada esquina.

En la conferencia inaugural, “A hombros de gigantes: las OMP y la universalidad de su cuidado misionero”, Justo Amado, director de OMPress, explicó el lema de este año para los centenarios misioneros, que se ha centrado en personas – Paolo Manna, Paulina Jaricot, San Francisco Javier… – que asumieron la misión como parte de sus vidas, hasta el vaciamiento total de sí mismas y convertirse, como San Francisco Javier, en el momento de su muerte frente a las costas de China, solo, enfermo y agotado, en todo misión, vaciado de sí mismo. A través del ejemplo de la diócesis de Nakuru en Kenia, presentó la labor llevada a cabo en uno de los 1.116 territorios de misión. De manera gráfica mostró cómo se ha ido estableciendo la Iglesia en Nakuru, y las ayudas que durante 50 años desde el nacimiento de la diócesis han permitido que se establezcan parroquias, comunidades religiosas, seminarios, escuelas… siempre al lado del clero local. Las ayudas de las Obras Misionales Pontificias permiten a todo fiel cristiano, que haya colaborado con su apoyo material, estar presente en esa diócesis. “Las Obras Misionales Pontificias son la misma Iglesia, la Iglesia que no olvida a nadie”, que no se centra en esta Iglesia, en este misionero, en este proyecto…

La última intervención de la mañana corrió a cargo de la misionera comboniana María del Prado Fernández, que conmovió a los presentes con la aventura, al pie de la cruz, del comienzo de su instituto, volcado desde sus inicios en la misión ad gentes, incluso hasta el martirio.