OMPRESS-BRASIL (14-09-21) Desde Brasil la hermana María Granda Redondo, natural de Vierdes, León, nos cuenta su experiencia como misionera. Religiosa de las Dominicas de la Anunciata, lleva 48 años viviendo en Brasil y el 9 de octubre cumplirá 87 años.

“¿Queréis saber en qué consiste mi trabajo actualmente? Pues bien, como podéis comprender a esta edad ya no puedo hacer muchas cosas de las que acostumbraba a hacer porque como dice el refrán: a cada gocho le llega su San Martin. Pues bien, el mío ya llegó. No es que esté triste, nada de eso. Acepto con mucha realidad y paz el momento que estoy viviendo y lo único que puedo hacer es agradecer a Dios por todo lo que me concedió hasta este momento. Por todo. Además, como acostumbramos a decir, las monjas nunca nos jubilamos. Simplemente cambiamos de actividad. Ejercí la profesión de enfermera hasta que me jubilé, y a partir de ahí me dediqué al trabajo pastoral al 100%. El trabajo pastoral me encanta. No es que no me gustara el de enfermera, no. Siempre me gustó y me sentí muy realizada. Aprendí mucho con el contacto con los enfermos, sobre todo los de la zona rural con mucha carencia de todo.

Pero después con el trabajo pastoral también me sentí muy bien a pesar de las limitaciones que nunca faltan. Fui feliz cuando hacía las visitas pastorales a la zona rural y comunicarme con aquella gente sencilla, sufrida y acogedora. Pasaba los fines de semana con ellos intentando adaptarme a sus costumbres, su estilo de vida y sus comidas. Por lo general son familias pobres y sencillas y se sienten felices cuando el sacerdote o las hermanas se hospedan en sus casas, porque como Brasil fue un país que vivió durante siglos la esclavitud, aunque está abolida, en el fondo, todavía tienen complejos de inferioridad, y cuando nos hospedamos en sus casas piensan que es una honra que no merecen. Así son de sencillos. Dentro de su pobreza dan todo lo que tienen con un corazón abierto y generoso. ¡Cuánto he aprendido con ellos! Y tienen una fe y una resistencia mayor que la de Abrahán. Ellos me evangelizaron. Realmente son de admirar.

Bueno, pues, eso fue durante años mi trabajo pastoral. Ahora mi actividad ya está muy limitada. Actualmente participo de reuniones parroquiales, acompaño a la gente en círculos bíblicos, doy algunos cursillos de Biblia y poco más. El pueblo de Dios celebra mucho la vida y participan de estas actividades parroquiales. Claro, siempre tenemos que estar al frente alguna de nosotras o algún agente pastoral. Pero la respuesta es siempre muy positiva. Os deseo lo mejor”.