OMPRESS-MADRID (8-10-21) Un grupo de Misioneras Combonianas se ha sumado a contar lo que han visto y oído, como dice el lema del Domund de este 24 de octubre. Ellas han querido contar lo que han visto y oído en las misiones para traerlo aquí y dar gracias a Dios por su vocación misionera. La serie, que se puede encontrar en el canal de Youtube de las misioneras combonianas comenzaba el 1 de octubre con Trinidad Rodríguez, misionera en Kenia.

También se recoge el testimonio de Loreta Beccia, desde Kinshasa, en la República Democrática del Congo. Cuenta que en la misión “he visto a Dios hecho carne, hecho niño, mujer”, un Dios que se hace solidaridad, sonrisa, proximidad, acogida, por eso, dice la misionera, “no puedo callar el gran amor con que Dios se me ha manifestado en cada momento de mi vida, en cada misión, en cada encuentro, sobre todo en las situaciones más difíciles”.

La misionera Leonor Flores, desde Ecuador, en la misión ha visto y oído “solidaridad, fraternidad, bondad, generosidad y servicio”, pero también ha visto una serie de antivalores como “indiferencia, injusticias, falta de comprensión, mucha palabrería, discriminación, egoísmo”, es por eso, que siguiendo a Jesús, “debemos mejorar el mundo”. Desde allí también la hermana Irene Pinedo cuenta que, a pesar de tanto dolor como ha visto y que ha llevado siempre a la oración, no puede “callar el amor de Dios hacia todos nosotros, su Palabra que da vida, que transforma las realidades de esclavitud, de sufrimiento en amor, en serenidad, en paz”. Por todo ello, esta misionera quiere dar gracias al Señor, “por mi vocación misionera, por el don de estar tantos años en la misión”.

La misionera congoleña Kahambu Valinande, desde Estados Unidos, ha oído la voz de muchos “jóvenes que necesitan ser escuchados, acompañados, acogidos, aceptados tal y como son”. Ayudar a “descubrir su vocación y que puedan dar lo mejor de ellos mismos a la sociedad”, porque “la juventud es la esperanza del mañana”. Ha visto también el dolor de los emigrantes. Al final, recuerda la hermana, “todos somos hijos de Dios, todos tenemos derecho a ser amados y aceptados”.

Francisca Sánchez cuenta desde la misión de Kisangani, en la República Democrática del Congo, que ha visto las dos caras de la vida, con las ganas de vivir de África y el dolor de la violencia o la falta de lo más indispensable, pero eso no la impide dar “gracias a Dios por la vocación misionera y la alegría de los años vividos en la misión