OMPRESS-ITALIA (11-01-22) Fue hace 150 años, un 1 de enero de 1872, cuando la Congregación de las Misioneras Combonianas, en aquellos días conocidas como “Pie Madri della Nigrizia”, dio sus primeros pasos. San Daniel Comboni, su fundador y el de su congregación hermana, los misioneros combonianos, quiso que hicieran realidad su intuición: “Salvar África por medio de África”.

Solo 10 años después de su fundación, en 1882, la joven congregación ya tenía sus primeras mártires en Sudán. Desde Verona, donde nació el instituto, las misioneras combonianas se fueron extendiendo a casi todos los países del África subsahariana y, desde Egipto, a Oriente Medio y América, con vocaciones en todos los países donde están presentes, gracias a su atractivo carisma de entrega y “missio ad gentes”.

El 6 de enero, en la Solemnidad de la Epifanía, la ciudad y la Iglesia de Verona se han sumado a esta celebración. En la Piazza Isolo de Verona, ante el monumento dedicado a San Daniel Comboni se reunieron representantes del municipio, de la diócesis, de institutos religiosos y de grupos y comunidades cercanas a las hermanas combonianas, familiares y amigos. Se descubrió una placa conmemorativa con las palabras del santo: “Yo muero pero mi obra no morirá”. Pronunciadas en su lecho de muerte, cuando sus misioneras eran 41 y sus misioneros 35, muestran que sus hijas e hijos han hecho posible, como también se recoge en la placa, “una promesa que continúa”.

Comboni, en su plan “salvar África por medio de África” fundó en 1867 el “Instituto para las Misiones de África”, también en Verona, un instituto de derecho diocesano de sacerdotes y hermanos coadjutores. Pero, sin las misioneras combonianas, difícilmente se podría realizar el plan, y el 1 de enero de 1872 se hacía realidad la fundación. Monseñor Comboni murió en Jartum, Sudán, el 10 de octubre de 1881, antes de poder consolidar las instituciones que había concebido a escala internacional. Unos meses después, la tormenta de la revuelta mahdista que azotó Sudán en aquellos años, barrió todo lo que se había construido con arduo trabajo. Misiones destruidas, religiosas y religiosos prisioneros del Mahdi, o asesinados… Humanamente, un desastre. Pero, como decía el santo fundador: “Las obras de Dios nacen y crecen al pie de la Cruz”. Hoy, 150 años después, además de los misioneros combonianos, también sus hijas siguen al pie de la cruz y cumpliendo su promesa.