OMPRESS-COLOMBIA (12-05-21) El administrador de la Provincia Jesuita de Colombia, el padre José Leonardo Rincón, S.J., recoge en una reflexión titulada “Al meollo del asunto”, la génesis de la situación que atraviesa Colombia y que ha llegado a las portadas de los medios de todo el mundo. El misionero javeriano ceutí Eduardo García Mandillo, que lleva doce años en Bogotá, recomienda su lectura como la explicación más certera de lo que está ocurriendo, tras contar la violencia y tensiones que se han vivido en la capital colombiana.

En el artículo recogido en el medio digital Testimonio de Nariño, el padre José Leonardo reconoce no haber asistido nunca a una convulsión social como la que se está viviendo estos días en Colombia. Que han llevado a que “ahora estemos con un país caótico y en la peor crisis estructural de su historia”, precisamente cuando no hay “líderes de talla, grandes en dignidad, creíbles y con autoridad moral como para convocar con fuerza y jalonar un diálogo nacional de fondo y con todos los actores”.

“Durante décadas enteras hemos sembrado vientos, ahora estamos cosechando tempestades”, subraya el superior jesuita, “destruimos la familia, célula madre de la sociedad, cuna de la auténtica formación en valores, lo que generó que el tejido social resultara enfermo”. Y la “calidad de la escuela no ha podido caer más bajo”, se dejaron a un lado las humanidades “por subversivas” y se hizo “apología de lo científico-técnico y tecnológico como si fuera la panacea. Las instituciones perdieron su norte al corromperse. La justicia se arrodilló ante el delito organizado dando vía libre al crimen y la impunidad rampantes. El dinero fácil permeó por doquier como la mejor opción para ahorrarse trabajo, esfuerzo y sacrificio. El listado de desgracias sería interminable, pero lo sabemos y lo conocemos”.

Pero, propone, “esta coyuntura puede resultar una feliz bendición si se aprovecha para ir al meollo del asunto. Vivimos en uno de los países más inequitativos del mundo donde la miseria crece ante la mirada indiferente de una élite minoritaria. Y criticar al capitalismo neoliberal no es defender el comunismo, ni el fascismo”. Por eso hay que afrontar el problema de la pobreza y catapultar a la clase media, la justicia tiene que reformarse, limpiar el Congreso, reducir el despilfarro y el gasto público saturado de burocracia, generar empleo, estimular el campo, hacer una reforma educativa con un currículo que forme personas íntegras e integrales y dejar claro que “vida humana es sagrada y los derechos humanos no son ideología amenazante si se acompañan de los deberes humanos, elemental fundamento de una sociedad justa. La diversidad y la pluralidad son nuestra mayor riqueza”. El problema, concluye el religioso, “es que no veo liderazgo, otra ausencia lamentable”.