OMPRESS-PERÚ (12-04-21) Esta misionera Terciaria Trinitaria felicita la Pascua y cuenta lo que ha sido su trayectoria misionera desde que llegara a Perú en enero de 1964. Toda una vida de experiencias misioneras, a las que se suman las de este tiempo de pandemia.

“Feliz Pascua de Resurrección, estos días de recogimiento y reflexión nos animan a seguir adelante con esperanza porque Jesús camina con nosotros. Les cuento algo de mi trayectoria misionera: Les diré que soy de Mallorca, Religiosa Trinitaria, y llegué a Perú en enero de 1964, en aquel entonces en barco. En estos seis primeros años en Perú, trabajé en el Colegio Parroquial vespertino con empleadas de Hogar y pastoral de la Parroquia San Juan Mª Vianney, que estaba a cargo de sacerdotes provenientes también de Mallorca. Luego pasé a Puente Piedra. En el 78 regresé a España para estar más cerca de mis padres que se hacían mayores. Desde el 80 al 2001 estuve en Andalucía-Granada en sitios marginales y Comunidades Cristianas de base. Las dos experiencias de Perú y Andalucía se completaron y fue la riqueza más profunda que viví.

En octubre del 2001, la congregación me propuso regresar a Perú y acepté, aunque me costó dejar Andalucía y aquí estoy. ¿Y qué hago con mis 89 años recién cumplidos? A Dios gracias he gozado siempre de buena salud y como ya estaba jubilada y conocía bien Puente Piedra, aunque a raíz de las invasiones a causa del terrorismo, la población está desbordada, ya vamos con más de 400 mil habitantes y, como dice el Evangelio, la mies es mucha… pero de operarios apenas quedamos unos pocos extranjeros.

En esta segunda etapa en Perú mi misión es la siguiente: Pertenezco al Voluntariado del Hospital Comarcal de Puente Piedra. Somos 22 mujeres y la tarea es inmensa porque la gente tiene que hacer cola desde las 2 de la madrugada para sacar tiquet de atención médica que empieza a las 8. En urgencias las camillas con los enfermos ya no caben en los pasillos. Antes de ver al enfermo ya les dan una lista para ir a comprar: el termómetro, el algodón, la jeringa, el esparadrapo, el alcohol, etc. Luego ya no tienen para comprar el medicamento que les recetan. Es un trabajo bonito, pero estresa el ver la doble pobreza de enfermedad y falta de recursos para curarse.

Asesoro una Comunidad Cristiana de varios Asentamientos Humanos de los Cerritos de Puente Piedra. No tenemos sacerdote  y todos los domingos tenemos celebración y la hacemos las mujeres y lo hacen perfecto. Después de leer el Evangelio y el comentario de José Antonio Pagola, u otros, cada uno hace su comentario con la realidad que vivimos .Yo llevo la Eucaristía de mi comunidad y comulgamos, somos de 30 a 50 personas constantes. Es una celebración muy vivencial donde todos participan. Creo que el futuro de la Iglesia va por ahí. Durante la semana tenemos reuniones y catequesis. No tenemos capilla, es un terreno que nos regalaron para hacerla, pero llevamos 4 años con un cercado de madera y techo de lona y plástico por falta de recursos. Durante estos años hemos estado haciendo actividades para edificar algo sencillo que sirva no solo de capilla, sino también de centro cultural y social, ya que en toda la zona que es inmensa no hay nada.

Cuando empezó la pandemia  se suspendió todo, y  una noche nos robaron todo lo poco que teníamos. Sillas, mesa, armario… Era un grupo de drogadictos y se convirtió en un lugar de consumo de drogas y alcohol. Viendo esta situación nos reunimos un grupo y decidimos en marzo empezar la construcción con los recursos de que disponíamos. Cuando hay ganas y buena voluntad es cuando se realizan los milagros, así que ya tenemos fachada y estructura. Todo hecho y con pequeñas donaciones de gente amiga de Mallorca y Andalucía, y de Mallorca Misionera. La única ventaja es que el cambio del euro está muy alto y lo que teníamos se ha multiplicado por cuatro y esto ha sido un alivio. Seguiremos haciendo hasta donde podamos llegar.

Por último también les cuento que pertenezco al grupo de Pastoral penitenciaria. En las afueras de Puente hay dos penales: ANCON 1 de alta seguridad y ANCON 2 de régimen un poco más abierto con más 6.000 internos, entre los dos, un total hacinamiento. Los martes vamos al 1 y los jueves al 2. Para mí es la misión más bonita y dura que he tenido en todos estos años. Doy gracias a Dios porque en la última etapa de mi vida me ha hecho este regalo. La mayoría no tienen a nadie que los visite porque son de provincia, extranjeros o la familia los ignora. Son los grupos que mejor entienden y captan el Evangelio y lo aplican a su realidad y los más agradecidos. Con la pandemia tampoco podemos ir, pero en los pabellones han puesto teléfonos fijos y a cualquier hora me llaman. Para ellos es un alivio la comunicación. Bueno, pongo punto final porque el tema da para más y ustedes saben bien de estas historias. Un fuerte abrazo”.