OMPRESS-ECUADOR (1-06-21) Misionera laica del Camino Neocatecumenal, Mª Ángeles Herrera González, escribe desde Quito, compartiendo con las gentes de los barrios las consecuencias y pesares del covid en Ecuador.

“Ahora estoy viviendo en un barrio indígena en Quito (San Isidro del Inca) y desde que empezó la pandemia (aquí comenzó en marzo 2020), además de acompañar al párroco, en las Misas on line, que aún hacemos, para los ancianos que no se arriesgan a asistir a la parroquia, seguimos llevando comida, a las zonas más pobres del barrio, ya que muchos han perdido el trabajo. Son trabajadores domésticos, camareros, ya que siguen cerrados restaurantes y discotecas. Vendedores ambulantes, porque está prohibida en este momento, prostitutas y recicladores de basura; además de todos los ancianos cuyos hijos han perdido el trabajo y no pueden ayudarlos. Aquí no hay jubilaciones, porque nunca tuvieron contratos legales y la ayuda del gobierno a los ancianos es de 15 dólares. Aunque no llevamos tantas como cuando estábamos ‘encerrados’, cuando había más donaciones, intentamos llegar al mayor número de casas posibles.

En este tiempo, la evangelización es más de obras que de catequesis y los niños de catequesis, las reciben por zoom. Aquí la gente se cuida poco, mucho por inconsciencia y otro ‘mucho’ porque no tienen economía para mascarillas y desinfectante y además comer. De todas formas, aunque humildemente, celebramos a san Isidro, aunque como estábamos confinados, lo celebramos el día 29. El Señor sigue actuando y contando con nosotros.

Y sobre la petición especial, además de unirme a la de todo el mundo, para que acabe esta pandemia, yo pido todos los días, por los sacerdotes, religiosos y religiosas, que ‘se la están jugando’ por no dejar solos a los enfermos, para que el Señor los sujete y no decaigan en la lucha de hacer presente a Jesucristo. Muchas gracias a todos, sobre todo, porque no nos sentimos solos, sino acompañados por la Iglesia”.