OMPRESS-ZIMBABUE (31-01-22) La familia claretiana y la diócesis de Málaga manifestaban su alegría por la consolidación 20 años después de la presencia misionera de los claretianos en Zimbabue, una presencia que comenzó con la llegada de tres claretianos malagueños: Álvaro Rodríguez, Joaquín Béjar y Antonio Llamas.

El 29 de enero de 2002 llegaron los tres a Harare, la capital de Zimbabue. Se trataba de una apuesta de la Provincia Bética claretiana de abrir una misión en África que se había ido gestando cuatro años antes. El obispo de Gokwe los acogía en su diócesis. Como explican, los mismos claretianos, “aterrizar en Zimbabue y en la Misión no fue tarea fácil. Conocimos una cultura y un idioma totalmente diferente al nuestro. Nuestra expectativa, en muchos sentidos y literalmente, era ‘convertirnos en niños’: aprender a hablar y movernos en otra cultura y país. Necesitamos una gran dosis de humildad. Tuvimos que aprender, al menos al principio, a ‘ver, oír y callar’. Había muchas cosas que aprender de esta cultura y gente, que eran nuevas para nosotros”. La situación del país cuando llegaron no era la mejor, y a esta situación se sumaron “otro tipo de dificultades que nos obligaron a compartir incluso el hambre y las carencias materiales de gran parte de la población”. Se alojaron en el Centro Diocesano de Capacitación Shingai de Gokwe y comenzaron la tarea de aprender la lengua y la cultura shona. Este fue el inicio de la misión claretiana en Zimbabue y en un año ya estaban trabajando en la misión de Gwave, una gran misión con tres subparroquias y 37 poblados lejanos.

Hoy hay 9 claretianos en el país y tres comunidades en Ruwa, Harare y Zhomba. En Harare hay dos jóvenes que han dado los primeros pasos en su vida como claretianos y también hay cuatro estudiantes más que están fuera del país haciendo sus estudios finales en Tanzania, más 2 novicios en Kenia. Y no están solos, los Seglares Claretianos son ya una realidad viva en Zimbabue, compartiendo con los misioneros el celo apostólico que animaba a San Antonio María Claret.