OMPRESS-BRASIL (25-05-21) Los Misioneros de la Consolata crearon hace 20 años el Centro de Documentación Indígena de Boa Vista, en Roraima, Brasil. Conserva documentos, publicaciones y objetos históricos, la memoria de los Yanomani, guardada con el cariño de los misioneros que estuvieron a su lado durante 60 años.

Fue uno de los primeros misioneros que llegaron a esta zona de Brasil, que rodean Venezuela y la Guyana, el hermano Carlo Zacquini, el que abrigó siempre el deseo de crear este centro. Este hermano de la Consolata llegó a Boa Vista, desde Italia, en 1965, y los primeros años se centró al estudio y aprendizaje de la lengua y cultura yanomani, mientras se dedicaba a la atención sanitaria de los indígenas. En aquellos años sesenta empezaron las grandes invasiones de mineros y los Yanomani no estaban preparados para las enfermedades que les transmitían. El Centro es también la memoria de la misión. El primer misionero de la Consolata en entrar en contacto con los Yanomani fue el padre Riccardo Silvestri, que estuvo con ellos a lo largo del río Apiaú, hasta que falleció en 1957. Después siguieron otros misioneros que tuvieron que abandonar los ríos –hasta ese momento la “única” forma de llegar hasta las zonas de los Yanomani – para adentrarse en la selva porque los Yanomani son indios de tierra firme y vivían lejos de los grandes ríos, sobre todo a causa de los insectos. Para ellos era más fácil vivir cerca de los pequeños cursos de agua, y pocos sabían nadar. A pesar de ello, el hermano Carlo recuerda que su primer encuentro con ellos fue en mayo de 1965, en la desembocadura del río Apiaú.

No dejaban de llegar mineros, primero por los diamantes y, luego, por el oro, hasta que en 1987 ya se trató de una verdadera invasión y se intentó echar a los misioneros para que abandonaron a su suerte a los Yanomani. Sólo las enfermedades causaron un verdadero genocidio. Los líderes Yanomani querían la presencia de los misioneros para que sus jóvenes tuvieran los conocimientos suficientes para no ser aniquilados por los blancos, que aprendiesen a leer y escribir no para convertirse en blancos, sino para defenderse de ellos.

El misionero participó en 1978 la creación de la Comisión para la Creación del Parque Yanomami (CCPY), para defender su territorio y preservar su cultura e historia. Tras 13 años de lucha, el Territorio Indígena Yanomami fue demarcado en 1991 y ratificado y registrado en 1992, garantizando el derecho constitucional de usufructo exclusivo de 9,6 millones de hectáreas en el norte de los estados de Roraima y Amazonas a los aproximadamente 30.000 Yanomami que allí residen. Todo ello condujo al hermano Carlo a crear la rica colección del Centro de Documentación Indígena, que está en la misma sede de la casa provincial del Instituto de Misiones de la Consolata, en el barrio de Calungá, en Boa Vista, la capital de Roraima.

Al proyecto que había comenzado solo se sumaron más misioneros, que aportaron archivos personales y de las diferentes misiones. Hoy en el Centro hay libros, manuscritos, grabaciones, fotografías, mapas, objetos, imágenes, dibujos y documentos sobre diversos temas relacionados con los pueblos indígenas de la Amazonía, sobre su realidad, sus culturas, y sobre la Iglesia local en Brasil y América.