OMPRESS-BOLIVIA (2-06-21) Miguel Sotelo lleva en Bolivia desde 1982. Ha vivido en La Paz, Potosí, Santa Cruz de la Sierra y actualmente en Tarija, donde desde hace seis años trabaja en la pastoral carcelaria de la prisión de la ciudad. Una labor que le ha valido el reconocimiento de la Asamblea Legislativa de Tarija, como un verdadero defensor de los derechos humanos.

A la delegación de misiones de la diócesis de Orense, su tierra natal, el padre Miguel escribe: “Mi trabajo consiste en estar al lado de esta gente privada de libertad, escuchar e intentar sanar primero su dignidad, porque su emoción está herida y tenemos que trabajar mucho la parte emocional, los penales no pueden ser basureros humanos, donde la mayoría de las personas salen peor que cuando entran, por eso mi trabajo es ayudar a recuperar y rehabilitar a personas. Una sociedad enferma solo produce enfermos. Ojalá todos seamos capaces de ayudar a tanta gente herida, que encontramos en nuestro camino, que necesita de nuestra misericordia, para que estos centros sean centros de sanación, de rehabilitación, sin juzgar, sin extorsionar ni herir, solo tratando de ayudar a sanar, recuperar y rehabilitar a tantas personas.

Nos encontramos con que la corrupción es un mal endémico de esta sociedad, y no resulta nada fácil nuestro trabajo, porque muchos de los responsables, hacen negocio con todo. Con la ayuda que hemos recibido de Europa y de muchos de vosotros de Ourense, hemos abierto una biblioteca, una capilla, una consulta de psicoterapia. Cuando nos visitó la alta Comisionada de Naciones Unidas, lo primero que dijo fue: ‘Esto es un oasis en medio de este penal’. Agradezco este reconocimiento a la Comisión de Derechos Humanos, pero necesitamos mucho apoyo y que todos colaboremos, en trabajar y encontrar soluciones a tantos privados de libertad. Gracias a todos por vuestro apoyo y vuestra oración”.