OMPRESS-COREA (15-11-21) El pasado 2 de noviembre, el obispo de Gwangju, en la zona suroeste de Corea, inauguraba una serie de frescos, con representaciones sacadas de las catacumbas romanas, con motivo del II Centenario de San Andrés Kim, mártir de esta Iglesia local, asesinado en 1846. Los frescos se exhiben en un cementerio del condado de Damyang. Para el padre Andrés Heo Woo-yeong, responsable del cementerio, estos frescos ayudarán a los fieles coreanos a conocer mejor a los cristianos de la Iglesia primitiva.

Las 14 representaciones son frescos de las catacumbas de Roma y decoran el cementerio católico con el objetivo de ayudar a los fieles a rezar y descubrir mejor los primeros tiempos de la Iglesia y las persecuciones de los cristianos. El 2 de noviembre, el día de los difuntos, Mons. Hyginus Kim Hee-joong, obispo Gwangju, bendijo los frescos instalados en una pared del cementerio. Las representaciones están basadas en escenas de la Biblia, siete del Antiguo Testamento y siete del Nuevo, incluyendo el arca de Noé, el Éxodo, la historia de Jonás, la parábola de la oveja perdida, el milagro de la multiplicación de los panes y la resurrección de Lázaro.

Según el periódico Catholic Times of Korea, se trata de una idea de Mons. Kim, que visitaba las catacumbas romanas y tomaba fotos de ellas, mientras estudiaba para su doctorado en Roma. Fueron aquellas imágenes las que se han reflejado ahora en las paredes del cementerio de Damayang. Los primeros cristianos dejaron muchos frescos en las catacumbas, para expresar su fe y confiar en la resurrección, precisamente en tiempos de duras persecuciones. Algo que, según el padre Heo Woo-yeong es muy inspirador para la Iglesia en Corea, donde el catolicismo sufrió persecución y martirio a manos de los gobernantes confucianos. Yi Seung-hun, bautizado en China en 1784, comenzó a convertir a otras personas a su alrededor. A medida que la fe se extendió, los católicos sufrieron persecución por parte de líderes que veían su religión como una influencia subversiva. Las persecuciones de los siglos XVIII y XIX causaron miles de mártires. La de 1866, la más importante, acabó con la vida de casi 8.000 personas.