OMPRESS-ECUADOR (17-03-22) El misionero salesiano Javier Herrán Gómez lleva más de un cuarto de siglo trabajando entre las comunidades andinas de Cayambe y Pedro Moncayo en la región andina de Ecuador, a una altitud de casi tres mil metros. La Casa Campesina Cayambe es una de las obras que llevan los salesianos en esta población, una obra que plantea alternativas para afrontar la pobreza implicando a las personas y sus posibilidades. Desde esta casa escribe el padre Javier:

“La alegría de nuestra vida se encuentra en el servicio, sobre todo si se enfoca en los más vulnerables, por esto en el año 1993, se inicia un trabajo conjunto entre Ayuda en Acción y la Fundación Casa Campesina Cayambe para mejorar las condiciones de vida de niñas y niños que presentan discapacidad, favoreciendo el acceso a los servicios de terapia física y terapia de lenguaje.

Durante estos años de trabajo se ha conformado un grupo de familias en cuyos hogares hay un miembro que presenta alguna discapacidad. Se reúnen dos veces por semana, son momentos importantes para sentir y descubrir el valor de la vida, para admirar el amor incondicional de esas madres abnegadas y con gran capacidad de solucionar los continuos problemas y necesidades de sus hijos, a pesar de sus grandes limitaciones económicas.

Por los servicios de terapias han pasado cientos de pequeños pacientes que necesitaron en su momento mejorar su desarrollo, mantener sus condiciones de salud y de vida. Se recuperaron y fueron dados de alta; pero también han permanecido durante mucho tiempo niñas/niños que no pueden recuperarse como es el caso de Jimena Castro, joven de 20 años con parálisis cerebral que gracias a las terapias se ha mantenido estable y su condición de salud es buena.

Comenzamos el año 2022 con 50 menores con diferentes discapacidades. En este trabajo no hay cansancio ni desaliento, las compañeras terapistas en cada sesión aplican con gran profesionalismo sus conocimientos, su trabajo da confianza y mucha esperanza a estas familias.

Algo hay especial para el día de hoy. De pie, en una esquina de la sala de espera, un grupo de jóvenes observa en silencio, son universitarios y docentes de la Carrera de Biomedicina de la Universidad Politécnica Salesiana, que han venido de Quito y sueñan con traer felicidad a nuestros niños. La ciencia también tiene corazón.

La Dra. Carmen, que ha estado a cargo de este programa desde el año 1993, propone a las instituciones cooperantes que apoyen a estos jóvenes estudiantes para que diseñen equipos personalizados que ayuden en la movilidad a varios de estos niños. La visita de los estudiantes abre puertas de esperanza, el conocimiento de los Ingenieros Biomédicos se revierte hacia los grupos más vulnerables. Se hace tarde y viven lejos. Comienzan las despedidas. Abrazos entre familias, gestos de cariño y adiós entre niños y niñas”.