OMPRESS-MÉXICO (3-02-22) Desde 2008 Kino Border Initiative (KBI) intenta ser una presencia humanizadora en el tema de la migración en la frontera entre Estados Unidos y México a través de la asistencia y el acompañamiento, todo bajo el recuerdo del padre Kino, el gran misionero del siglo XVII.

Como él, que recorría a caballo esta región fronteriza, a la hora de la solidaridad y el cuidado de los más necesitados, para KBI no hay fronteras ni nacionalidades. Aún la labor de la provincia de California de la Compañía de Jesús, del Servicio Jesuita a Refugiados/EE.UU., de las Hermanas Misioneras de la Eucaristía, de la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús, de la diócesis de Tucson y de la archidiócesis de Hermosillo. Pero es la labor del día a día, de pequeños y grandes gestos de amor, llevada a cabo por religiosas, religiosos y voluntarios la que más les llega a los migrantes que asisten.

Desde KBI han compartido la historia de Alma Schlor y las “bolsas de dignidad”. Fue hace 10 años, cuando Alma trabajaba en un comedor y se encargaba de distribuir ropa limpia y artículos de aseo a los migrantes que habían sido deportados recientemente de los EE.UU. a Nogales, en México, cuando se encontró con Dominga, una mujer indígena guatemalteca que había sido expulsada, tras haber sido retenida en un centro de detención en Arizona durante unos días. Dominga tenía graves ampollas en los pies por haber caminado por el desierto de Sonora, tan graves que el grupo con el que iba la dejó atrás en el desierto, donde los agentes de la Patrulla de Aduanas y Fronteras la encontraron y detuvieron. Mientras estuvo bajo la custodia de los servicios de inmigración, no fue atendida ni tratada por los médicos. Las ampollas pronto se infectaron. Alma cuenta cómo una de las Hermanas Misioneras se quitaba con cuidado las maltrechas zapatillas de deporte que Dominga llevaba puestas. Con una mueca de dolor y luchando contra las lágrimas, se retorcía al quitarse los zapatos y descubría que las ampollas se habían roto y que las plantas de sus pies ardían en carne viva. La hermana lavó suavemente las heridas y trató la infección. Esta imagen le recordó a Alma que Jesús lavaba los pies de sus discípulos, una profunda lección de servicio a los demás. Cuando ya estuvo curada Alma se acercó para darle una bolsa de plástico con ropa y calzado. Pero la mujer le dijo que no, que prefería llevar la ropa en la mano que aceptar otra bolsa de plástico. Estas bolsas de plástico, que se parecen mucho a las bolsas de basura, son representativas del trato que reciben los reclusos, como si fueran basura. La bolsa de plástico era deshumanizante.

Aquel encuentro inspiró a Alma a diseñar y fabricar a mano una mochila para migrantes. Volvió a su parroquia, Corpus Christi en Tucson, AZ, y puso en marcha la iniciativa de “Bolsas de dignidad”. Las bolsas que hacen estas mujeres son de tela, con una imagen dibujada a mano del rostro de Nuestra Señora de Guadalupe cosida en la parte posterior. Alma dice: “La imagen de María es muy importante. Porque tener a María en una mochila que se coloca en tu espalda significa que te está protegiendo. Te está guiando. Y ese es el simbolismo que utilizamos, María. Nuestra Señora de Guadalupe, que protege a los migrantes”. La tela es donada a la parroquia y de manera organizada las van creando y añaden una oración en una tarjeta para los migrantes que dice: “Vaya con Dios. La Virgen de la Guadalupe te acompaña. Yo oraré por ti para que el manto del Señor te proteja en el camino”.

Son tiempos difíciles para muchos, reconocen en KBI, pero hasta que las políticas cambien, su personal y sus voluntarios garantizan que haya un lugar seguro en Nogales, Sonora, en la frontera entre Estados Unidos y México, donde los migrantes puedan encontrar refugio, una comida caliente, una ducha caliente, ropa limpia y otros recursos fundamentales. La dignidad es inherente y viene dada por Dios. Esto significa que su trabajo, explican, no consiste en dar dignidad, sino en responder de manera que la gente pueda ser dueña de su dignidad.