OMPRESS-ROMA (1-10-21) “Recemos para que cada bautizado participe en la evangelización y esté disponible para la misión, a través de un testimonio de vida que tenga el sabor del Evangelio”, es la intención que propone el Papa para este mes del octubre, el mes misionero, el mes del Domund.

En el vídeo en el que comenta la intención el Papa Francisco dice: “Jesús nos pide a todos, y a ti también, ser discípulos misioneros. ¿Estás preparado? Basta con estar disponibles a su llamada y vivir unidos al Señor en las cosas más cotidianas, el trabajo, los encuentros, las ocupaciones de cada día, las casualidades de cada día, dejándonos guiar siempre por el Espíritu Santo.

Si te mueve Cristo, si haces las cosas porque Cristo te guía, los demás se dan cuenta fácilmente. Y tu testimonio de vida provoca admiración, y la admiración hace que otros se pregunten: ¿cómo es posible que esto sea así?, o ¿de dónde le viene a esta persona el amor con que trata a todos, la amabilidad, el buen humor?

Recordemos que la misión no es proselitismo, sino que la misión se basa en un encuentro entre personas, en el testimonio de hombres y mujeres que dicen: yo conozco a Jesús, me gustaría que tú también lo conocieras.

Hermanos y hermanas, recemos para que cada bautizado participe en la evangelización y que cada bautizado esté disponible para la misión a través de su testimonio de vida. Y que este testimonio de vida tenga sabor a Evangelio”.

Un comentario que sigue la línea del Mensaje del Papa para esta Jornada Mundial de la Propagación de la Fe, el Domund, del próximo 24 de octubre: “Con Jesús hemos visto, oído y palpado que las cosas pueden ser diferentes. Él inauguró, ya para hoy, los tiempos por venir recordándonos una característica esencial de nuestro ser humanos, tantas veces olvidada: «Hemos sido hechos para la plenitud que sólo se alcanza en el amor». Tiempos nuevos que suscitan una fe capaz de impulsar iniciativas y forjar comunidades a partir de hombres y mujeres que aprenden a hacerse cargo de la fragilidad propia y la de los demás, promoviendo la fraternidad y la amistad social. La comunidad eclesial muestra su belleza cada vez que recuerda con gratitud que el Señor nos amó primero. Esa predilección amorosa del Señor nos sorprende, y el asombro —por su propia naturaleza— no podemos poseerlo por nosotros mismos ni imponerlo. Sólo así puede florecer el milagro de la gratuidad, el don gratuito de sí. Tampoco el fervor misionero puede obtenerse como consecuencia de un razonamiento o de un cálculo. Ponerse en ‘estado de misión’ es un efecto del agradecimiento”.