OMPRESS-MOZAMBIQUE (9-05-22) El sacerdote misionero Francisco González, miembro del Instituto Español de Misiones Extranjeras, el IEME, escribe sobre una ayuda enviada desde la diócesis de Coria-Cáceres, de la que fue delegado de misiones, antes de partir para este nuevo periodo en la misión.

“Una de las cosas que llama la atención inmediatamente al que llega a Mozambique por primera vez procedente de un país occidental es la cantidad de gente joven que hay. Cuántos niños por toda parte, cuántos jóvenes. Esta realidad motiva y llena de ilusión a quien trabaja en este país para colaborar en el crecimiento de sus distintos grupos: su Iglesia, sus escuelas, sus hospitales… En un ambiente donde hay falta de tantas cosas, con una juventud tan numerosa y con tanta energía y buenas disposiciones, cuántas cosas se podrían hacer para crecer, cuántos caminos se podrían abrir que llevasen a todo este pueblo a mayores niveles de bienestar.

Sin embargo, esta visión tan gozosa del mundo mozambiqueño, cuando uno se acerca más a la realidad concreta por ejemplo de sus jóvenes, no es ni mucho menos tan positiva. Es de admirar el esfuerzo que generalmente supone concluir la enseñanza secundaria. Caminar grandes distancias aun siendo niños para ir y volver de la escuela, estudiar en lugares con muy pocos medios materiales, dejar la casa familiar para ir a las localidades donde poder estudiar los últimos cursos. Y ello unido al esfuerzo económico que tienen que hacer las familias que casi siempre viven con menos de lo justo. Indudablemente estudiar siempre supone un esfuerzo y en estas condiciones requiere del alumno un gran sacrificio.

A pesar de las dificultades, son muchos los jóvenes que concluyen sus estudios, pero ese gran esfuerzo, en buena parte de los casos, no viene seguido de nada positivo para los estudiantes. Solamente una minoría continúan con los estudios universitarios. Son muchos los que desearían acceder a una formación superior, pero no todas las familias tienen condiciones para costearlos. Junto a ello encontramos no pocos casos de corrupción, para acceder a una plaza universitaria, en ocasiones el camino es a través del soborno a funcionarios corruptos, lo que no está al alcance de muchos alumnos. Esta situación nos lleva a la triste realidad de que buena parte de los jóvenes que concluyen los estudios secundarios están desocupados. Vuelven a sus casas con una formación que no les sirve de nada. Se ven obligados a buscarse la vida en actividades para las que no sería necesario haber hecho el sacrificio de concluir sus estudios. Esto, que de por sí es lamentable, además tiene como consecuencia la desmotivación de las nuevas generaciones y de sus familias: ¿para qué sirve hacer todo ese esfuerzo si al final van a volver a hacer los trabajos que puede hacer cualquiera que no haya estudiado?

Ante esta situación bastante desoladora para los jóvenes, en nuestra parroquia de Santa María de Mucumbura (situada en la diócesis de Tete en el centro-oeste de Mozambique) nos propusimos ofrecer una formación básica de informática. Con ordenadores de segunda mano que nos han enviado desde la Delegación de Misiones de Coria-Cáceres, hemos iniciado esta actividad. Como en esta Misión, que ha estado cincuenta años cerrada hasta que llegamos hace dos, aún no tenemos grandes condiciones para organizar cursos, hemos comenzado con un grupo de ocho jóvenes, divididos en dos turnos. Hemos escogido jóvenes que ya hubieran concluido los estudios secundarios con buen aprovechamiento y que estuviesen desocupados. Sabemos que es una pequeña iniciativa, casi insignificante en esta realidad tan dura para los jóvenes, pero nos sentimos satisfechos de ella. Esperamos que al menos con esta formación este pequeño grupo pueda sentir reforzado el gran valor que tienen. Como decía al inicio de este artículo, este pueblo y especialmente su juventud es un campo que podría dar muy buenos frutos, utilizando la imagen evangélica, esta pequeña formación es una semilla para que estos jóvenes crezcan y puedan dar esos deseados frutos.

Aprovecho para dar las gracias a todos los que habéis colaborado con esta iniciativa, a los que habéis ofrecido los ordenadores, a los que nos apoyáis con vuestras oraciones, con vuestro cariño y con medios materiales y a la Delegación de Misiones que ha hecho posible esta colaboración”.