OMPRESS-MYANMAR (1-06-21) “Sin razón aparente, los soldados dispararon contra un voluntario en el pre-seminario mayor de Loikaw en Myanmar y saquearon todas las habitaciones del seminario”, escriben los jesuitas desde Loikaw, una de las diócesis de Myanmar a las que más ayudan las Obras Misionales Pontificias. Se ha abandonado siete parroquias de esta diócesis están completamente abandonadas. A excepción de los militares y de las fuerzas de la Kpdf (Fuerza de Defensa del Pueblo Karen), no queda nadie. También se han ido sacerdotes y monjas. Las iglesias y casas están desiertas.

Estado de anarquía, redadas y eliminaciones de opositores, gente huyendo, a la selva y a los países vecinos. En Myanmar hay una guerra civil, sobre todo en los Estados de Kachin, Karen y Kayah. La diócesis de Loikaw se encuentra en este último Estado. Desde ella, el padre Francis Soe Naing explica al SIR, la agencia de noticias de la Conferencia Episcopal Italiana, que desde que los enfrentamientos llegaron a la ciudad de Loikaw, “ningún lugar es seguro” y que “la gente huye todos los días, dejando atrás sus casas y pertenencias”. Es quien cuenta el abandono de las parroquias, que tenían una población católica de 24.753 personas, es decir, más de 5,000 familias. En ellas trabajaban 15 sacerdotes, 2 religiosos, 24 religiosas. Las 11 iglesias, las 19 capillas, las 7 casas para sacerdotes y los 7 conventos de estas siete parroquias “ahora están completamente desiertos”.

En su página de Facebook, los jesuitas de Myanmar también lanzan una denuncia dramática: “Sin razón aparente, los soldados dispararon contra un voluntario en el pre-seminario mayor de Loikaw en Myanmar y saquearon todas las habitaciones del seminario”. A los 7 conventos y al seminario de la diócesis habían acudido personas que no se sentían seguras en sus casas en busca de refugio, en la nota los jesuitas añaden que “los soldados se comieron también la comida que el asesinado preparaba para los desplazados”.

“Myanmar se encuentra ahora en un estado de anarquía”, escribe a SIR, el padre Francis. Desde el inicio del golpe de Estado de los militares, el 1 de febrero, más de 800 civiles inocentes han sido asesinados. La Iglesia de Loikaw está ayudando a los desplazados internos: “Nos preocupa que el ejército birmano pueda utilizar la política de los ‘cuatro Cortes’: cortar el acceso a alimentos, fondos, información y reclutamiento. La carretera en la parte sur del estado de Kayah y el acceso a redes móviles e Internet en algunas áreas ya están cortados. Otra preocupación es el hambre inminente. Ahora es el momento de la cosecha. La mayoría de nuestra gente vive de la agricultura. Si la lucha continuara, también moriríamos de hambre”.

El domingo 30 de mayo, en la solemnidad de la Santísima Trinidad, se elevó una oración especial por la paz en Myanmar en todas las iglesias de Myanmar. La iniciativa fue lanzada por el cardenal Charles Bo, presidente de los obispos birmanos, quien desde la catedral de Yangon lanzó otro grito de dolor: “En los últimos cuatro meses, esta nación ha pasado un enorme sufrimiento. Incluso ahora, la gente de Mindat y de Loikaw se apiñan en la jungla después de que la violencia les obligara a huir. Miles de personas están heridas y mueren de hambre. Ante los sufrimientos y las lágrimas de nuestro pueblo, ¿cuál puede ser el mensaje de la Santísima Trinidad? La Trinidad enseña un gran concepto: el verdadero poder es el amor. No la dominación”. Los cristianos están llamados a “quitar las cadenas de los presos injustamente encadenados”, a compartir “la comida con todos los que tienen hambre” y “un hogar con los pobres y sin hogar”.