OMPRESS-MYANMAR (6-09-21) La iglesia católica de San Juan y una iglesia baptista en la aldea de Chat, en el estado birmano de Chin, han sido ocupadas y profanadas por los soldados de la junta militar birmana. Lo recoge Sir, la agencia de noticias de la Conferencia Episcopal Italiana, que se ha puesto en contacto con el obispo de la diócesis de Hakha, Mons. Lucius Hre Kung. El prelado habla de esta profanación: “Lo sentimos profundamente. Los militares entraron en la iglesia, abrieron el tabernáculo, tomaron las hostias consagradas y las arrojaron al suelo. Lo más probable es que no supieran qué son las hostias consagradas y su significado para la Iglesia católica. Sin embargo, es una señal de que no hay respeto por las religiones y los lugares sagrados”.

Expresaba su “profunda tristeza” por la profanación de las dos iglesias de Chat, la católica y la baptista, que tuvo lugar el pasado 31 de agosto. Es el resultado de una serie de combates entre los grupos de resistencia militar y civil, que se han intensificado en el estado de Chin y están obligando a la gente a huir de sus hogares. “Hubo un enfrentamiento entre las fuerzas armadas birmanas y la llamada Fuerza de Defensa del Pueblo el 29 de agosto en Chat”, explica el obispo, “y por miedo, todos los habitantes huyeron del pueblo en busca de un lugar más seguro. Esa noche, los militares birmanos durmieron en el complejo de la iglesia católica y en la iglesia baptista que está justo al lado”. No es fácil para el obispo seguir la situación. “Chat se estableció recientemente como una parroquia en mi diócesis y está a un día de viaje desde el centro diocesano”. Lo cierto, sin embargo, es que por el momento la situación en el pueblo es tranquila y el edificio de la iglesia católica no ha sufrido daños irreparables.

No es la primera vez que en esa región, los militares de la junta han atacado a la comunidad católica. El 16 de junio, los militares arrestaron y luego liberaron después de un interrogatorio al padre Michael Aung Ling, párroco de la iglesia católica de San José en Kanpetlet, irrumpiendo en su residencia. En esa ocasión, el obispo Kung hizo un llamado “al respeto de los lugares sagrados de cualquier religión y de cada ser humano en Myanmar”.

Mientras tanto, según la Asociación de Asistencia a Presos Políticos, las personas asesinadas por el régimen desde el 1 de febrero son más de un millar. Más de 7.400 personas, según cifras de Asia News, han sido arrestadas por el Tatmadaw y al menos 106 han muerto por torturas.