OMPRESS-FRANCIA (3-06-21) Para celebrar el bicentenario de la fundación de la Obra de la Propagación de la Fe, el Domund, las Obras Misionales Pontificias de Francia han organizado una exposición en la que se conjugan objetos de los cinco continentes y las vidas de decenas de misioneros. Desde este próximo 18 de junio hasta el 8 de mayo de 2022, se podrá visitar la exposición “Hasta los confines del mundo, miradas misioneras” en el vanguardista edificio del Musée des Confluences de Lyon, un museo de historia natural y de las sociedades, situado en la confluencia del Ródano y el Saona y que, cada año, recibe a medio millón de visitantes.

Es una exposición que homenajea también a Pauline Jaricot, la fundadora de la que se convertiría en la obra de promoción misionera más importante de la Iglesia. Una obra que hizo de Lyon, la “capital misionera” del mundo en la segunda mitad del siglo XIX. Cientos de hombres y mujeres, con el respaldo de la Obra de la Propagación de la Fe, partieron con destino a tierras desconocidas de África, Asia, Oceanía y América. Eran exploradores y viajeros, etnólogos y lingüistas, geógrafos y descubridores respetuosos de las culturas que encontraban. Desde sus misiones enviaron y trajeron numerosos objetos que daban testimonio de estas culturas. El Musée des Confluences es depositario, desde 1979, de unos 2.300 objetos pertenecientes a las Obras Misionales Pontificias, que articularán esta exposición. “Hasta los confines del mundo, miradas misioneras” ofrece así un recorrido en paralelo de los relatos de estas misioneras y misioneros y la historia de los objetos expuestos.

La Obra de Propagación de la Fe nació en Lyon en 1822 de la mano de Pauline Jaricot (1799-1862). La exposición muestra cómo esta Obra apoyaba material y económicamente a los misioneros y cómo la difusión, en las publicaciones periódicas de la Obra, de las historias de vida de los misioneros era para muchas personas la única fuente de conocimiento de culturas extranjeras. Por otro lado, el envío de estos objetos por parte de los misioneros mostraba su agradecimiento a la Obra, a la par que daba fe de la “misión cumplida”. Ahora, conservados, estudiados y expuestos, estos objetos, explican desde el Musée des Confluences, nos enseñan más sobre las culturas que los produjeron y las sucesivas visiones que hemos asumido de ellas.

Pero, por otro lado, la exposición quiere ser también un acercamiento a aquellos hombres y mujeres que, literalmente, partían a lo desconocido. Destaca, en la parte dedicada a Oceanía, la figura de Jean-Baptiste Pompallier (1801-1871), pionero de la Iglesia católica en este continente. Pompallier se fusionó con la cultura maorí para comprender mejor sus costumbres: se convirtió así en “maorí entre los maoríes”. Respetuoso y benévolo, rápidamente se ganó la confianza de los jefes polinesios. Los objetos que se le ofrecen, testigos de una estrecha relación entre ellos, son una forma de agradecerle sus beneficios. En 1848 se convirtió en el primer obispo católico de Auckland. El relato de Pompallier se entrelaza con un objeto personal que el rey de la isla de Wallis le regaló el día en que fue bautizado por el misionero: un soporte de madera para el cuello. Reservado para cabezas “descendientes” de los dioses, tiene varias funciones: sostiene la cabeza, aísla del suelo al tiempo que permite la circulación del aire alrededor del cuello, protege un peinado elaborado y promueve la llegada de los sueños, lugares privilegiados de intercesión.

Con este entrelazamiento entre el objeto y la vida de un misionero se presentan en “Hasta los confines del mundo, miradas misioneras”, la visión y el recuerdo de misioneros que llegaron a Malasia, China, Tíbet, Manchuria… A Nigeria, Mali, Sierra Leona… A Tierra de Fuego y Alaska. Una visión y una mirada de asombro.