OMPRESS-ETIOPÍA (18-11-21) Paul Schneider Esteban es un sacerdote de la diócesis de Getafe que llegó a Etiopía en 2017. Su misión transcurre en el Valle de Lagarba, una zona montañosa de difícil acceso. Allí, unas 3.000 familias etíopes viven principalmente de la agricultura. Ahora el país está viviendo una terrible situación de violencia con el conflicto de Tigray. Paul escribe a amigos y conocidos contando la situación y, sobre todo, el proyecto de la carretera que facilitará la comunicación a toda la población.

“Estad tranquilos por mí, la guerra del norte de Etiopía no llega a nuestra zona. Aunque las noticias internacionales lo pintan muy mal, como si el país se estuviera desmoronando, hasta ahora en la capital hay paz, y el resto del país sigue funcionando, la industria, los transportes, el comercio. El futuro sólo lo sabe Dios, y hay que orar siempre, y renovar continuamente en nuestros corazones el deseo de la paz. ‘Bienaventurados los pacíficos, porque ellos heredarán la tierra’ (Mt 5, 4). El sufrimiento de los heridos y desplazados por esta guerra es atroz, y no se sabe el número de muertos. Aquí el Coronavirus es casi agua pasada, lo peligroso son los conflictos étnicos y la corrupción, las desigualdades y la sospecha mutua. Etiopía es un país hermoso y con mucha variedad de climas y gentes, con sus ‘13 meses de sol’, sus 85 lenguas y sus 115 millones de habitantes, con un cristianismo e islam milenarios, además de la pervivencia de las religiones tradicionales.

Me siento más afortunado que nunca, por el don del sacerdocio y de la misión, por estar en este país, y también por poder ayudar en tiempos difíciles. Con el estímulo de vuestra amistad y oración aportáis mucho, y mi corazón rebosa agradecimiento. En mi visita a España en septiembre estuve la mitad del tiempo confinado, porque di positivo en Covid al llegar, y me quedé sin veros a la mayoría. Luego estuve algunos días en Getafe y en Villanueva de la Cañada, y pude escaparme un día con sacerdotes amigos para visitar a las madres de ‘Iesu Communio’ en la Aguilera, Burgos. Siempre es bueno contar con la intercesión y consejo de personas consagradas. Os envían saludos nuestros cristianos de aquí, de Lagarba, conmovidos por vuestra amistad en la distancia, lo que les cuento de vosotros, y cada vez tienen un mayor espíritu de colaboración con todos los proyectos: el cultivo de las tierras de la misión, las casas, la repoblación de árboles, el pozo de Rabsu, el proyecto de la carretera.

Os pido oraciones y apoyo en especial por esto último, la carretera. Toda la población está de acuerdo con el trayecto y desea ansiosamente esta carretera de grava, y han firmado, no solamente la expropiación gratuita de sus terrenos, sino que se comprometen a trabajar como voluntarios sin remuneración los días que haga falta, para facilitar los trabajos de la maquinaria. Lo precioso es ver a cristianos y musulmanes unidos en un proyecto social, en esta obra común. No siempre sucede la unidad, lo habitual es que surjan tensiones entre grupos de distinta etnia, cultura y religión. La unidad es un milagro, y soy feliz de poder ser parte de ello, de contribuir a la paz y a la alegría común.

Aunque me falta aún mucho dinero, vamos a empezar ya las obras, antes de que acabe este mes de noviembre, porque ya hemos entrado de lleno en la estación seca. Confío en que el Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada y la Universidad Alfonso X el Sabio y otros donantes particulares que se comprometieron, puedan colaborar generosamente (…).

Mis constructores aquí, a los que he dado la obra son Ebisa Mekonen, ingeniero, y Abel Legese que, aunque se han educado y residen en Addis Abeba, son naturales de Lagarba, y van a supervisar de cerca toda la ejecución. Los he elegido después de meses de estar conociendo y consultando a varios constructores, y ellos son los más fiables. También cuento con el apoyo de HCS, ‘Harar Catholic Secretariat’, nuestra agencia católica para proyectos de desarrollo, que pertenece al Vicariato de Harar. Como ya os dije, el trazado son 8 kilómetros de muchas cuestas, con partes de terrenos de tierra blanda, que necesitarán volcado de toneladas de materias duras, como piedra y grava, y otras partes más rocosas, donde los bulldozer y la excavadora con martillo hidráulico tendrán que romper la ladera y alisar, siguiendo el trayecto y haciendo un peralte adecuado. El gran desnivel a salvar, tanto de bajada, desde Kirara hasta el río, como de subida desde ahí a la misión, por ley no puede superar el 10% de inclinación, lo que obliga a que haya que dar un poco de rodeo por un par de colinas. A continuación habrá que realizar obras de albañilería con hormigón armado, cunetas de cemento y drenajes en varios puntos para conducir los arroyos y torrentes, para que no se estropee la carretera en la estación lluviosa. A los que tengáis curiosidad, preguntadme y os puedo enviar las coordenadas GPS de los 4 puntos a conectar. Es interesante verlo con vista satélite en Google Maps.

Por todos los beneficios sociales y humanos que traerá esta carretera, estoy convencido de que Dios quiere, y mucho, este proyecto. Él ya se ha encargado de poner en mi corazón, desde hace 3 años, esta gran tarea de elevado coste. La salud, la seguridad de las personas, la educación, el acceso al comercio, el transporte…, son todas ellas cosas que a Dios le importan. ‘La gloria de Dios es que el hombre viva’, dice san Ireneo de Lyon. Los misioneros de antaño siempre supieron que la fe va muy ligada a la humanización y a la civilización, y yo quiero seguir su estela. Elevar la calidad de vida de pueblos pobres es un privilegio, una gran alegría.

Os envío varias fotos, que incluyen: el coche que compré hace un mes para la misión (y el cardenal de Addis Abeba bendiciéndomelo), tareas de replantación de árboles, los topógrafos haciendo medición de los terrenos para la carretera con una ‘estación total. Pedid por mí. Siempre me acuerdo de vosotros. Agradecido siempre a mi diócesis de Getafe. Un abrazo muy fuerte”.