OMPRESS-BURGOS (29-06-21) El 11 de junio fallecía por covid en Caicara del Orinoco, Venezuela, el sacerdote misionero malagueño, Manuel Lozano Pino, tras 26 años de labor en esta misión de la diócesis de Málaga. El mismo misionero contó su vocación y los progresos de la misión en la que vivía y por la que vivía.

“Soy Manolo Lozano, sacerdote diocesano de Málaga, a ser misionero me motivó un llamado interior que sentí y me ofrecí al obispo. Había una necesidad concreta en una región muy extensa del Sur de Venezuela, donde no había sacerdotes, perteneciente a la Iglesia de Ciudad Bolívar con mucha más escasez de clero que en nuestra diócesis de Málaga, que en esos momentos se estaba planteando concentrar a los sacerdotes misioneros en un lugar de Venezuela que estuviera muy necesitado, iniciándose así lo que conocemos por ‘Misión Diocesana de Caicara del Orinoco’, teniendo el privilegio de pertenecer al primer equipo malagueño que se hizo cargo de la Misión. También me motivó la alegría y la santidad que descubrí en el P. José Pulido a quien conocí en Torre del Mar, en mi año de experiencia pastoral como diácono. Veía que gozaba y se le iluminaba la cara cuando hablaba de Venezuela, de los amigos venezolanos y de su experiencia misionera en ese país. También influyó en mí la edad, 27 años, y el deseo de conocer nuevos mundos y culturas diferentes; seguramente también la experiencia vivida durante mi juventud en el Movimiento MAC y en la Parroquia de Santo Ángel (Málaga) junto al P. Jacobo. Experiencias que me acercaron a descubrir el mundo de la juventud, de los pobres y la marginación. Entre las dos etapas vividas en Caicara del Orinoco, 26 años en total, no tengo más remedio que dar gracias a Dios, por haber descubierto su presencia en medio de este pueblo, por todo lo que Él ha hecho a través de los que le hemos servido como sacerdotes, religiosas y laicos en este territorio, pues he sido testigo tanto del inicio malagueño en esta región (hace 35 años), como de su evolución hasta el día de hoy.

Tengo que reconocer que la Iglesia en Caicara ha crecido, está más formada y consolidada, realidad que se manifiesta en su dimensión litúrgica, anunciadora y comunitaria, así como en el valioso servicio que está prestando a la sociedad, a través de la dimensión caritativa y promocional en este tiempo de crisis sin precedentes en la historia de este país, donde está en riesgo el porvenir, la democracia, los derechos, libertades y la propia subsistencia de sus ciudadanos. De ahí que pongamos nuestro granito de arena ofreciendo ayuda en las áreas de salud y educación, de las más afectadas por la situación y que está provocando muchos sufrimientos, hasta el punto que millones de venezolanos hayan tenido que huir del país en los últimos años, a muchos de ellos les ponemos caras pues son personas conocidas de numerosas familias caicareñas.

La Iglesia de Caicara del Orinoco ayuda con atención médica y medicinal a cientos de personas a través del Consultorio Médico de Cáritas ‘Dr. José Gregorio Hernández’; a niños con necesidades especiales a través de la Fundación ‘Camino de Sueños’, en la escuela de adultos ‘Madre del Amor Doloroso’, en las Cáritas con ollas comunitarias y ayudas concretas; a formar académicamente y en oficios a la población necesitada a través de sus instituciones educativas: Fe y Alegría, IRFA, CECAL, y cursos de formación de Cáritas.

Pero no nos podemos sentir satisfechos, todavía queda mucho camino por recorrer pues hay muchas comunidades rurales e indígenas donde nuestra presencia es nula o muy débil, con el agravante de que en estos últimos años, motivado por la crisis económica y la falta de vocaciones en algunas congregaciones, se haya tenido que cerrar varias misiones en nuestro territorio dirigidas por religiosas muy comprometidas con sectores marginales.

A veces, ante este panorama que se vive en el país, donde hay tanta escasez, y se oyen tantas quejas: ‘no hay luz, no hay agua, no hay comida… no hay dinero en efectivo, no hay justicia…’, y donde todo se pone cuesta arriba, uno mismo se pregunta muchas veces: ‘¿Qué pinto yo aquí?’, y siempre en mi interior, junto a esa pregunta me hago esta otra: Manolo, ¿por qué estás aquí? ¿Qué es lo que te motivó a estar aquí?, y siempre encuentro la misma respuesta: ‘Estoy aquí por ti, Señor, y por mis hermanos’. Manuel Lozano”.