OMPRESS-FILIPINAS (16-04-21) Es lo que promueve la comunidad de Hermanas de la Presentación en los barrios marginales de Cebú, Filipinas, entre los Badjao, una minoría que sufre pobreza y discriminación, y por la que se desviven las hermanas. La gente de Badjao ha vivido en las costas cercanas a Cebú durante generaciones. A duras penas se ganan la vida con la pesca, pero la expansión de la ciudad, la contaminación y las restricciones marinas hacen que su forma de vida sea cada vez más difícil. La mayoría de los adultos Badjao no saben leer ni escribir. Así que el resto de la población los ignora abiertamente, o peor aún, abusa de ellos y los discrimina activamente. Se les niega el tratamiento en los hospitales y sus hijos a menudo son intimidados en la escuela.

Fue en 1997 cuando se abrió, el Centro de Educación y Cuidado Infantil Nano Nagle, y fue también cuando la hermana Evelyn Flanagan comenzó a trabajar con la comunidad Badjao. También estableció un centro de salud ya que muchos enfermaban y morían por enfermedades de fácil tratamiento. En 2010 se estableció un programa de desarrollo comunitario que permitiera al pueblo Badjao ser más autosuficiente. Con apoyo en educación, salud y saneamientos adecuados, poco a poco están ganando confianza. El Centro Nano Nagle tiene una escuela de preescolar pensada y creada para la tribu Badjao. También es un hogar para estudiantes de primaria, secundaria y universidad, quienes pueden ir después de sus clases a tutorías, y a tener un ambiente adecuado para sus tareas e investigación.

Las Hermanas muestran el amor de Dios con el ejemplo. Respetan las creencias y la cultura del pueblo Badjao, y alientan a las familias a enorgullecerse de los rituales y tradiciones de su comunidad. Están ayudando a toda la comunidad a recuperar su dignidad. La hermana Victoria lleva nueve años y explica que buscan “conocer, amar, servir y estar con la gente, especialmente con aquellos que están marginados por la sociedad. Viajar con la tribu Badjao me inspira a seguir la misión de Jesús”. Hoy, la comunidad Badjao ya tiene 19 miembros con carreras universitarias, que trabajan en los sectores privado y público. Son una inspiración viva para la próxima generación.