OMPRESS-AFGANISTÁN (20-04-21) Ante la retirada de tropas de Afganistán, llegan las palabras del padre Giovanni Scalese, sacerdote barnabita, responsable de la Missio sui iuris en Afganistán, establecida en 2002 por Juan Pablo II, la única presencia católica en el país musulmán. El SIR, la agencia de noticias de la Conferencia Episcopal Italiana recoge el testimonio de este misionero italiano, ante la posible retirada, el 11 de septiembre, de las tropas de Estados Unidos y de la OTAN.

Preguntado sobre cómo juzga esta decisión, el padre Scalese explica que “es difícil expresar una opinión sobre el anuncio de la retirada de las tropas estadounidenses y de la OTAN de Afganistán antes del 11 de septiembre de 2021. Es mejor simplemente tomar nota de la decisión. Es, además, una decisión que ya había sido tomada por la anterior administración estadounidense. Aquellos que pensaron que un cambio de guardia en la Casa Blanca era suficiente para provocar un replanteamiento obviamente no se dieron cuenta de que a estas alturas el compromiso militar estadounidense (y de otros países de la OTAN) se había vuelto insostenible y, de hecho, sin perspectivas. La única novedad estaría en el retraso de la retirada por unos meses, retraso que probablemente habría sido necesario de todos modos”.

En cuanto a los riesgos de esto, el responsable de la Missio sui iuris en Afganistán, explica que es legítimo tener dudas sobre que el gobierno afgano pueda garantizar la seguridad, así como también es legítimo “plantear algunas dudas sobre la capacidad real del gobierno para hacer funcionar la maquinaria estatal sin contar con el apoyo económico de los países occidentales. Es verdad que ahora todos prometen que no abandonarán Afganistán y seguirán apoyándolo; pero una cosa son las intervenciones de cooperación, y otra es el financiar de manera regular las instituciones. No me parece que se haya hecho mucho en los últimos años para reactivar la economía afgana, también porque la situación no lo permitía; por lo que no sé cómo podrá avanzar un país sin una economía que funcione”.

El riesgo más grave es que el país sufra una guerra civil. “Hasta ahora”, cuenta el padre Scalese, “las negociaciones entre el gobierno y los talibanes nunca han empezado de verdad o no han dado ningún resultado. El proyecto era formar un gobierno de transición, de unidad nacional, para luego llegar a elecciones libres que decidieran quién debía gobernar”. El religioso explica que los talibanes no pueden actuar como si estos veinte años no hubieran existido: “Podrían imponer una nueva constitución – después de todo la actual ya prevé una ‘república islámica’ – pero no podrán pretender borrar la libertad e ignorar los derechos a los que los afganos se han acostumbrado en estos años. No olvidemos que los jóvenes no conocieron el Emirato y crecieron en esta nueva realidad. Al contrario de lo que se cree, las mujeres son una presencia numerosa, cualificada y activa en la sociedad afgana; sería impensable querer volver a encerrarlas en casa o dentro de un burka. Todo lo que queda es esperar, para ver cómo evoluciona la situación. Como cristianos, solo podemos esperar una evolución positiva que, después de tantos años de violencia, le dé a este país un poco de serenidad”.