OMPRESS-PAPÚA NUEVA GUINEA (20-01-22) La revista Popoli e Missione de las Obras Misionales Pontificias en Italia ha hablado, con motivo del reciente desastre en Tonga, con el padre Dominique Hashda, misionero y párroco en Watuluma, en la pequeña isla de Goodenough, en el extremo oriental de Papúa Nueva Guinea.

“La erupción de volcanes aquí es frecuente: no es un fenómeno nuevo, sabemos que estamos en una zona sísmica, en cualquier momento se puede asistir a tsunamis y erupciones”. Aquí, dice el padre Hashda, “estamos bien y no nos ha afectado esta erupción. El mar está ahora en calma pero es cierto que en Tonga ha sido un desastre”. Miembro del PIME, el Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras, el misionero explica que están tranquilos: “Por lo general cuando ocurren estos fenómenos, los padres del PIME respondemos de inmediato y vamos. En el caso de las islas de Tonga, no nos pidieron ayuda, además porque estamos a varios kilómetros, pero nuestro compañero Fabio Motta se fue hace unos días a una isla cercana y mañana vuelve”.

“Casi todas nuestras misiones están en Milne Bay”, explica haciendo referencia al golfo que cierra por el este la gran isla de Papúa, en el que hay numerosas islas pequeñas, “por suerte aquí estamos tranquilos y no ha habido daños por nuestra parte, ¡aunque se oye cuando despiertan los volcanes!”. Añade que “las casas de la gente están construidas con materiales pobres y tradicionales, con madera traída de la jungla. Las casas de los misioneros y las de las monjas, los hospitales y las escuelas, en cambio, son de ladrillo. Las casas de las personas son frágiles y se vienen abajo con facilidad”, dice. Luego agrega que en una de estas islas donde trabaja un miembro del PIME, el padre Giovanni, “sale agua hirviendo de la tierra y de la roca y sabemos que es un volcán aún activo”. Y “de vez en cuando los volcanes se despiertan y entran en erupción y destruyen lo que hay allí. La erupción provoca tsunamis, a los que se suman ciclones que llegan desde el mar, como el de 2019, denominado Goodenough”, por la isla de su parroquia. En esa ocasión, el ciclón destruyó parroquias y hospitales: “Hubo una pronta y hermosa respuesta también de Italia; ese año nos ayudaron mucho”.

Goodenough fue la isla elegida por el PIME como misión en Papúa Nueva Guinea en la década de los ochenta. No está lejos de la isla de Woodlark, donde fue martirizado en 1855 uno de los primeros misioneros del PIME en Oceanía, el beato Giovanni Mazzucconi. “En la parroquia también tenemos una escuela de formación profesional, un hospital, laboratorios, una escuela secundaria y tres escuelas primarias. Todos los profesores y alumnos viven aquí en la parroquia”, explica el padre Dominique.