Blanca Serres, joven de Tarragona, y directora de comunicación de una empresa, reivindica la misión como antídoto ante la tristeza y el sufrimiento causados por la pandemia entre los jóvenes. Es una de los 80 participantes que se dan cita desde esta tarde en el encuentro nacional organizado anualmente por Obras Misionales Pontificias (OMP) para jóvenes con inquietud misionera.

Blanca Serres asistió por primera vez al Encuentro Misionero de Jóvenes con 25 años, cuando se preparaba para hacer una experiencia misionera en Honduras. “A veces puedes sentirte un poco sola con estas inquietudes que te nacen del corazón”, explica. “Ver que hay más jóvenes que se plantean las cosas como tú no tiene precio”. Desde entonces en 2011, esta joven de Tarragona ha asistido a todas las ediciones, y ha hecho varias experiencias misioneras de corta y larga duración.

Según ella, la misión es el antídoto de las situaciones de dolor, depresión y tristeza entre los jóvenes ocasionadas por la pandemia. “Todo esto nos lo ha provocado el hecho de habernos tenido que encerrar en nosotros mismos, está claro que lo que hay que hacer es salir: salir al otro en un sentido metafórico primero -en la entrega hacia el hermano- y el siguiente paso es moverse físicamente”. Además, según esta joven periodista, la misión también ayuda, en contraste con la guerra de Ucrania, a “abrirse al otro y decidir que no solo mis esquemas son válidos”, explica. “Esto te da otra dimensión de la vida y de lo que está pasando como sociedad”.

Pero sobre todo, la misión ha ayudado a Blanca Serres en su fe. “Para mí la misión es como el Sábado Santo. Me remueve mucho ese día porque amanece con esa tiniebla y tristeza de haber enterrado a Jesús y a lo largo del día se va abriendo una luz nueva”, explica. “Yo creo que en muchos momentos de nuestra vida tenemos esa sensación de tiniebla, incluso seguro que muchos han vivido ese silencio de Dios… La misión es ese Sábado Santo que va pasando, es la alegría de la resurrección, es poder ver y comprobar cómo hay esperanza”.

 

Un encuentro con 18 años de experiencia

Cerca de 80 jóvenes de 12 diócesis españoles se dan cita este fin de semana (2-24 de abril) en San Lorenzo del Escorial, en la décimo octava edición del Encuentro Misionero de Jóvenes, para compartir su experiencia misionera y formarse. Tras la pandemia, se retoma la presencialidad, como algo esencial del programa. Este año, como no podía ser de otra manera, el encuentro se centrará en los aniversarios centenarios que Obras Misionales Pontificias está celebrando este 2022, y que ha unificado con el lema de “A hombros de gigantes”.

Entre todos estos gigantes, destaca la figura de Pauline Jaricot, una joven laica francesa que con tan solo 21 años revolucionó la misión de la Iglesia, al implicar a todos los católicos en el trabajo de los misioneros con la oración y los donativos. Su iniciativa sigue siendo actual 200 años después a través del Domund. Pauline Jaricot será beatificada en Lyon el próximo 22 de mayo, y como dice Blanca, esta joven, que fue capaz de “pasar del egoísmo más natural y sencillo que nos sale a todos en nuestra juventud, a abrirse a los demás”, es un mensaje muy apropiado para la juventud de hoy.

Los jóvenes podrán conocer más de cerca su figura, y la de los demás “gigante” cuyos centenarios se celebran. Además, tendrán la oportunidad de escuchar cómo vive la inquietud misionera los jóvenes de Turquía, Indonesia, Rumanía y Colombia de la mano de los directores de OMP en sendos países. Y podrán rezar juntos un rosario misionero, dedicando un misterio a cada continente, de la mano de misioneros desde Vanuatu, Filipinas, Méjico y Marruecos.