OMPRESS-INDONESIA (18-06-21) Este lunes, 14 de junio, el obispo de Larantuka bendecía un parque dedicado a un misionero mártir, el padre Beeker, asesinado en 1956, en el pueblo de Watuwawer, en la isla de Lembata, una de las islas del mar de la Sonda. El parque lo construyeron en 1996 los mismos feligreses de la parroquia del Sagrado Corazón, de la que era párroco el padre Beeker, al cumplirse el 40 aniversario de su muerte y en él erigieron una estatua suya. Mons. Fransiskus Kopong Kung, el obispo de Larantuka, diócesis a la que pertenece Lembata, con esta bendición ha querido que el parque se convierta oficialmente en lugar de peregrinación para los católicos de esta pequeña isla indonesia.

Maria Gelu Ladjar, una anciana católica, explicaba a la agencia católica UCANews, en septiembre de 2019, que visitaba la tumba del misionero porque para ella, que lo conoció, era un santo que además había jugado un papel importante en su vida. Le predijo que uno de sus hijos sería sacerdote y así fue. Su hijo, Hengki Tobotani, fue ordenado sacerdote en 1986 y ahora es párroco en Kalimantan. Otra católica, Lusia Selaka Lebao, coordinadora del grupo de oración en la Parroquia del Sagrado Corazón, dijo que rezaba habitualmente en la tumba del sacerdote y sentía algo místico cuando visitaba el lugar: “Cuando rezamos en la tumba, olemos la fragancia”, decía. El grupo de oración lo veía como una señal de la presencia del padre Beeker. Incluso afirmaba que había personas que lo habían visto rezando el breviario por el parque, lo que llevó a que los padres de los pequeños de la aldea evitaran dejarlos en él al caer la tarde: “La gente cree que es el momento en el que el padre Beeker reza”.

El padre Hendricus Coenradus Beeker fue asesinado el 19 de abril de 1956 a la edad de 44 años por un joven llamado Bernadus Baha Luga, a quien el misionero había ayudado en el pasado a terminar una formación profesional. El sacerdote fue asesinado después de reprender a Bernadus por robar artículos pertenecientes a un compañero misionero. De la congregación de los Misioneros del Verbo Divino, Beeker había llegado a Lembata en 1940, cinco años antes de la independencia de Indonesia. Envió a varios jóvenes a Larantuka para estudiar carpintería en talleres a cargo de la Iglesia local y estableció escuelas primarias, primero en Watuwawer en 1948 y luego en la cercana Atawolo en 1954. Muchos niños todavía estudian en ellas. Para administrar estas escuelas, envió a jóvenes a formarse como maestros y, más tarde, fueron ellos la principal fuerza para llevar a cabo la misión de la Iglesia en la educación y difundir los valores cristianos. Todos lo sentían uno de ellos y, además, hablaba la lengua local con una fluidez extraordinaria. Por eso su muerte conmocionó a la comunidad local y varios miles de fieles le rindieron homenaje, cuando su cuerpo fue trasladado a Larantuka en la cercana isla de Flores para su entierro, acompañando la embarcación tradicional en la que iban sus restos. Debido a la veneración de la gente por el padre Beeker, el cuerpo fue devuelto a la aldea de Watuwawer en 2005, y enterrado en este parque de oración y, ahora también, de peregrinación.