OMPRESS-ROMA (2-11-21) El domingo, durante el rezo del Angelus, el Papa Francisco recordaba la dura situación de Haití, a través de los ojos del misionero camiliano Massimo Miraglio, presentado en un programa de la RAI, y pedía no abandonar a las personas de este país que tanto están sufriendo.

“Pienso en la población de Haití, que vive en condiciones extremas”, decía el Papa. “Les pido a los líderes de las naciones que apoyen a este país, que no lo dejen solo. Y vosotros, al regresar a casa, buscad noticias sobre Haití y rezad, rezad mucho. Estaba viendo en el programa ‘A Sua Immagine’, el testimonio de un misionero camiliano en Haití, el Padre Massimo Miraglio, las cosas que decía… cuánto sufrimiento, cuánto dolor hay en esta tierra, y cuánto mucho abandono. ¡No los abandonemos!”.

El Papa Francisco hacía referencia a una entrevista en vivo, en el programa “A Sua Immagine” de la televisión italiana Rai Uno, al misionero Massimo Miraglio, de la Orden de los Ministros del Enfermos, conocidos como Camilos por su fundador, Camilo de Lelis. El padre Miraglio desde hace quince años vive y trabaja en Jérémie, en Haití. Tras el nuevo terremoto del pasado 14 de agosto, que dejó un rastro de muerte y destrucción, la situación en la isla centroamericana es cada día más dramática. Al terremoto se sumó después el paso de la tormenta Grace, y a esto se ha sumado el agravamiento de la violencia y el dominio de bandas armadas que se han apoderado de las calles y que de hecho gobiernan el país.

Una realidad que se vive no sólo en Puerto Príncipe, la capital, sino también en otras ciudades. Los jóvenes se unen a estas bandas armadas como si fuera un trabajo. Las dos carreteras que conectan el país, una en el norte y otra en el sur, llevan meses bloqueadas por bandidos, por lo que es peligroso viajar y transportar mercancías porque lo normal es sufrir un ataque.

El gobierno no existe, las fuerzas policiales ya no pueden controlar la situación, y junto con la violencia continúa impávido el flagelo de los secuestros. En estos últimos días eran secuestrados 15 misioneros estadounidenses y 2 niños. La corrupción está en todas partes. Las fronteras están cerradas y los haitianos intentan huir del país pero son rechazados sistemáticamente por todos. La situación en las calles es difícil y salir de casa es peligroso incluso para buscar lo más básico, alimentos o medicinas.

Y mientras tanto los enfermos por coronavirus aumentan. Tras el terremoto de agosto, llegó una tercera ola muy fuerte de covid: en los hospitales, las reservas de oxígeno son mínimas… Por eso, el padre Massimo Miraglio no ha dejado de denunciar esta situación, mientras alivia el sufrimiento de quienes le rodean. Es una situación “ante la que no se puede permanecer indiferentes ni en silencio”. En medio de tanto sufrimiento, la sonrisa de un niño, o el gracias de una persona, reconoce el misionero, son esos pequeños destalles “que te permiten decir el Señor es mi fuerza”, que se muestra “en el rostro de la gente que tengo alrededor”.