OMPRESS-ROMA (8-02-22) Ayer, al cumplirse 100 años de la elección del Papa Pío XI, que fue alumno del Seminario Lombardo de Roma, el Papa Francisco recordó ante los alumnos de este seminario romano a esta gran figura de la Iglesia del siglo XX, conocido como el “Papa de las Misiones”, por el impulso decidido que dio a las mismas. En este año que con el lema “A hombros de gigantes”, la Iglesia misionera está recordando diversos centenarios, sin duda, este, el de la elección del Papa Pío XI, que hizo Pontificias a las Obras Misionales e instauró el Domingo Mundial de las Misiones, es digno de mención.

El Papa Francisco contó a los seminaristas cómo, nada más ser elegido como Papa aquel 7 de febrero de 1922, Achille Ratti eligió hablar desde el gran balcón de la Basílica de San Pedro, que había estado cerrado desde que Italia invadiera los Estados Pontificios. “Quiso que su primera bendición fuera dirigida Urbi et Orbi, a la ciudad de Roma y al mundo entero. Y con este gesto – creo que trabajaron más de 40 minutos para abrir ese balcón que hacía años que no se abría, y también para vaciar ese lugar, que se había convertido en depósito; y esperó –con este gesto nos recuerda que necesitamos abrirnos, expandir el horizonte del ministerio a las dimensiones del mundo, para llegar a cada niño, a quien Dios quiere abrazar con su amor”. Y de esto sacaba una lección para los seminaristas y para todos: “Por favor, no nos quedemos atrincherados en la sacristía y no cultivemos pequeños grupos cerrados donde podamos mimarnos y estar tranquilos. Hay un mundo que espera el Evangelio y el Señor desea que sus pastores se conformen a él, llevando sobre el corazón y sobre los hombros las expectativas y las cargas del rebaño. Corazones abiertos, compasivos, misericordiosos”. Y añadía: “Tenéis que ser sacerdotes encendidos en el deseo de llevar el Evangelio a los caminos del mundo, a los barrios, a los hogares, sobre todo a los lugares más pobres y olvidados”.

En su primera homilía solemne, siguió recordando en su intervención “el Papa Ratti habló de las misiones y, más que dar respuestas, nos invitó a hacernos una pregunta: ¿Qué puedo ofrecer al Señor? Es una buena pregunta, que puedes aplicar a todo lo que estás haciendo ahora mismo para prepararte para tu misión”. Y por ello, el Papa Francisco animaba a hacerse esa pregunta al comienzo de cada día, que haga que “no nos preocupemos por los pequeños huertos familiares, hay todo un mundo sediento de Cristo”. Eso dará lugar a “¡un corazón abierto, un corazón disponible, un corazón misionero!”.

Y concluía animando a los seminaristas del Colegio Lombardo a los que les esperan grandes tareas, y “para llevarlas a cabo, os invito a pedirle a Dios que soñéis con la belleza de la Iglesia. ¡La Iglesia es hermosa! Soñad una Iglesia italiana del mañana más fiel al espíritu del Evangelio, más libre, más fraterna y gozosa en el testimonio de Jesús, animada por el ardor de salir al encuentro de quien no ha conocido al ‘Dios de todo consuelo’ (2 Cor 1, 3)”.