OMPRESS-ROMA (25-10-21) En los saludos tras el ángelus, el Papa Francisco recordaba a los misioneros que dan testimonio de Jesús pagando a veces un alto precio, por su anuncio valiente, precisamente en el día del Domund, cuyo lema el mismo Papa quiso que fuera: “Cuenta lo que has visto y oído”.

“Hoy, Jornada Misionera Mundial, miramos a estas dos nuevas Beatas – decía en referencia a las dos beatificaciones de este fin de semana – como testigos que han anunciado el Evangelio con su vida”. Y añadía, desde la ventana en la Plaza de San Pedro, “con agradecimiento dirijo mi saludo a tantos misioneros y misioneras – sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos – que en primera línea gastan sus energías en el servicio de la Iglesia, pagando en primera persona – a veces a caro precio – su testimonio. Y lo hacen no por proselitismo, sino para testimoniar el Evangelio en su vida en los lugares que no conocen a Jesús. ¡Muchas gracias a los misioneros! ¡También para ellos un gran aplauso! Saludo también a los seminaristas del Colegio Urbano”.

Poco antes, había pedido un aplauso para las dos nuevas beatas que, este fin de semana, llegaban a los altares. Se trata de sor Lucía de la Inmaculada, de las Esclavas de la Caridad, beatificada el sábado en Brescia, el Papa recuerda que era una “mujer mansa y acogedora”, que falleció a los 45 años, tras “una vida gastada en el servicio al prójimo también cuando la enfermedad le había debilitado el cuerpo, pero no el espíritu”. La segunda, beatificada en Rímini, Sandra Sabattini, estudiante de medicina, fallecida con 22 años en un accidente de tráfico. Fue una “joven alegre, animada por una gran caridad y por la oración cotidiana, se dedicó con entusiasmo al servicio de los más débiles”.

En su mensaje para esta jornada misionera, el Santo Padre había pedido también que se recordara a los misioneros, que han sido “capaces de ponerse en camino, dejar su tierra y sus hogares para que el Evangelio pueda alcanzar sin demoras y sin miedos esos rincones de pueblos y ciudades donde tantas vidas se encuentran sedientas de bendición. Contemplar su testimonio misionero nos anima a ser valientes y a pedir con insistencia «al dueño que envíe trabajadores para su cosecha» (Lc 10, 2), porque somos conscientes de que la vocación a la misión no es algo del pasado o un recuerdo romántico de otros tiempos. Hoy, Jesús necesita corazones que sean capaces de vivir su vocación como una verdadera historia de amor, que les haga salir a las periferias del mundo y convertirse en mensajeros e instrumentos de compasión”.