OMPRESS-ROMA (17-09-21) Ayer el Papa Francisco se encontraba con los responsables de movimientos eclesiales, asociaciones de fieles y nuevas comunidades católicas, a los que agradeció su presencia misionera en tantos hábitos así como su testimonio y compromiso durante la pandemia. El encuentro de estas nuevas comunidades tiene lugar a tres meses de la publicación, el pasado 11 de junio, de un decreto vaticano con el título “Las Asociaciones Internacionales de Fieles”. El gobierno como servicio y las normas recogidas en este decreto han sido el tema del encuentro y también de gran parte de la intervención del Papa Francisco.

“Gracias por vuestra presencia como laicos y laicas, jóvenes y mayores•, comprometidos en vivir y testimoniar el Evangelio en las realidades ordinarias de la vida, en vuestro trabajo, en tantos contextos diferentes —educativos, sociales, en la calle, en el terminal de los trenes; allí estabais todos vosotros— este es el vasto campo de vuestro apostolado, es vuestra evangelización”, les decía. Porque, explicaba, “no hay que esperar a que venga el sacerdote, el cura a evangelizar, el misionero… Sí, lo hacen muy bien, pero quien ha sido bautizado tiene la tarea de evangelizar. Vosotros, con vuestros movimientos, habéis avivado esta tarea. Y está muy bien. Gracias”. Y añadía que, “a pesar de las restricciones debidas a las medidas de prevención necesarias, no os habéis rendido, al contrario, sé que muchos de vosotros multiplicasteis vuestro compromiso, adaptándoos a las situaciones concretas que se os presentaban y se os presentan, con esa creatividad que nace del amor, porque quien se siente amado por el Señor ama sin medida”. Por todo ello, “sois un claro signo de la vitalidad de la Iglesia: representáis una fuerza misionera y una presencia profética que nos da esperanza para el futuro”.

Al abordar el tema del decreto, el papa Francisco explicaba que “el ejercicio de la gobernanza en el seno de las asociaciones y movimientos es un tema que me importa mucho, sobre todo teniendo en cuenta —como dije antes— los casos de abusos de diversa índole que se han producido también en estos grupos y que siempre tienen su origen en el abuso de poder. Ese es el origen: el abuso de poder. No pocas veces, la Santa Sede ha tenido que intervenir en los últimos años, poniendo en marcha procesos de saneamiento que no eran fáciles. Y pienso no sólo en estas situaciones tan feas, estruendosas, sino también en las enfermedades que provienen del debilitamiento del carisma fundacional, que se vuelve tibio y pierde su capacidad de atracción”.

Alertaba por ello a evitar dos obstáculos, el deseo de poder y la deslealtad. Para el primero, señalaba, “la experiencia de cercanía a vuestras realidades nos ha enseñado que es beneficioso y necesario prever una rotación en los puestos de gobierno y una representación de todos los miembros en vuestras elecciones”. Y en cuanto a la deslealtad, esta se encuentra “cuando alguien quiere servir al Señor, pero también sirve a otras cosas que no son el Señor (y detrás de otras cosas está siempre el dinero). ¡Es un poco como jugar un doble juego! Decimos con palabras que queremos servir a Dios y a los demás, pero en los hechos servimos a nuestro ego, y nos entregamos a nuestro deseo de aparentar, de obtener reconocimiento, aprecio…”.

Y concluía: “Somos miembros vivos de la Iglesia y por ello necesitamos confiar en el Espíritu Santo, que actúa en la vida de cada asociación, de cada miembro, actúa en cada uno de nosotros. De ahí la confianza en el discernimiento de los carismas confiados a la autoridad de la Iglesia. Sed conscientes de la fuerza apostólica y del don profético que se os entregan hoy de forma renovada”.