OMPRESS-ESTADOS UNIDOS (16-06-21) El padre José Antonio Ciordia Castillo, misionero agustino recoleto navarro, forma parte de la comunidad de su orden que tiene encomendadas dos parroquias, Holy Family y Saint Augustine, en Union City, en Nueva Jersey, en frente de Manhattan. Es a sus feligreses, originarios de muchos países, que conforman su parroquia de Saint Augustine a los que dedica sus desvelos y sus años. Precisamente, tras la felicitación por su aniversario, responde a las Obras Misionales Pontificias que desea “llenar los años que, según la Providencia de Dios me quedan, con entrega cordial a su servicio para bien de toda la Iglesia. Les hago saber que me aprovecho grandemente de las noticias que Vds. me envían respecto a las misiones. Es una delicia leer y tomar conciencia una y otra vez de nuestra realidad misionera presente en esas líneas”.

El padre Ciordia habla de dos campos que “merecen una especial atención”. Son “la educación cristiana, por una parte, de niños y jóvenes y, por otra, la formación de ‘esposos’ de los que ya forman familia. Respecto a lo primero quiero tan solo notar la situación de desamparo en que pueden encontrarse nuestros niños y jóvenes el día de mañana, debido al constante ‘cierre’ de escuelas católicas. Es verdaderamente alarmante. ¿Qué hacer? La cosa está en manos de la Jerarquía. Hemos de rogar a Dios por esta necesidad y salir al paso en lo que buenamente podamos dentro de la pastoral parroquial. La ignorancia religiosa, alentada sin duda alguna por la incidencia y proselitismo, por la pululación de sectas y movimientos pseudoreligiosos, se hace cada vez más extensa y preocupante. Es obra de caridad enseñar al que no sabe y deber evangélico anunciar la Buena Nueva.

En lo tocante a los ‘esposos’, el tema tiene su ‘busilis’. Se trata de profundizar, o ayudar a profundizar, humana y cristianamente, en la relación de esposos, de ser todo unos esposos, en compenetración esponsalicia, mediante la comunicación entrañable – ahí entran todos los campos -, de uno con otra, y viceversa, formando hasta lo más hondo de su ser ‘una sola carne’. No parece nada fácil formar una familia estable, bien compenetrada y compacta con el valor de cada uno de sus miembros, sin haber establecido primero la unidad cordial, carne y espíritu, de los esposos entre sí. Diálogo y comunicación. Pues, según parece, la falta de comunicación entre los esposos como tales, es la causa más frecuente de la ruptura de muchos matrimonios, incluidos los católicos. Y que hay que dedicar tiempo y solicitud por los matrimonios es cosa hartamente sabida, y ¡urgente!

Para lo primero, educación en la fe viviente, llevamos, desde hace un tiempo, el programa de clases, no exactamente bíblicas, de los miércoles. Duran una hora más o menos. Y consisten en exponer y profundizar en el mensaje que ofrecen la tres ‘lecturas’ del domingo próximo. No se trata directamente de estudiar, por ejemplo, el libro de Isaías u otro cualquiera de la Sagradas Escrituras, sino tan solo, y con gran detenimiento, las propias que nos ofrece la liturgia para el domingo que se avecina. Se estudian en sí mismas, por así decirlo, y en relación y conjunción de unas con otras, habida cuenta de la orientación que lleva la liturgia en ese contexto. Este método ofrece la ventaja, entre otras cosas, de prepararnos ‘religiosamente’ para la celebración del domingo y de, poco a poco, impregnarnos de religiosidad bíblica y litúrgica de gran alcance, pues, díganme Vds. si no es gran aportación a la educación espiritual del participante en recibir tales comentarios semana tras semana por años a venir.

Para lo segundo, empapar de sentido cristiano esponsalicio a los esposos, echo mano, yo particularmente, de los Fines de Semana del Encuentro Matrimonial Mundial. Es de señalar que, aquí en USA, ya hay algunas diócesis que se han hecho cargo de ello oficialmente, como, si no mal recuerdo, Arkansas y Oklahoma. Es mucho el bien que se hace con ello”.