OMPRESS-COLOMBIA (2-11-21) El padre Tomás Iturriaga Plaza, sacerdote madrileño de la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA), que tantos sacerdotes españoles ha encauzado a la misión en América Latina, cumplía ayer 60 años de sacerdote. Fue el 1 de noviembre de 1961, cuenta el padre Tomás, cuando celebré mi primera misa, y ha pedido que se rece una oración pidiendo que sea un sacerdote según el corazón del Señor. Hoy sigue siendo fiel a su vocación misionera en Colombia.

Con motivo de este día, ha recordado además la celebración del Día de las Misiones, el Domund. Dice que “siente una nostalgia enorme” porque, en ocasiones, parece que esta jornada se queda solo “en la limosna en las distintas parroquias para la evangelización de la Iglesia”. Se ha perdido un poco “esa llamada tan hermosa que yo sentía a los doce años, a colaborar con la misión y los misioneros, cuando íbamos con las huchas, pidiendo de casa en casa, por las calles, en el metro, en los tranvías de Madrid”. Y recuerda que un día del Domund, un chico de los que estaban pidiendo con las huchas, al subirse a un tranvía, resbaló y el tranvía le pasó por una pierna. “No se me olvidará nunca el testimonio de aquel chico, que está en el origen de mi vocación misionera: ofrezco por las misiones la pierna que he perdido”. Aquel fue, según el padre Tomás, el origen de su vocación, que le ha llevado a África y, después, a América.

Concluye su mensaje a las Obras Misionales Pontificias diciendo: “quiero pedir por los misioneros, por todos los sacerdotes, que en el fondo tienen que ser misioneros, para que tengan el celo por la salvación de las almas. Hay que seguir el ejemplo de los misioneros que vinieron aquí a América y que mostraron con ese celo un amor auténtico al Señor”.