OMPRESS-ROMA (2-03-22) A unos días de la celebración de los 400 años de la canonización de San Francisco Javier, el primer misionero en llegar a Japón, la Santa Sede presentaba la restauración de “Los documentos Marega”, la mayor colección de manuscritos japoneses fuera de Japón, recopilados por el misionero salesiano, Mario Marega, un verdadero San Francisco Javier del siglo XX.

Ayer se presentaba, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, “Historia de la evangelización de Japón. Los documentos Marega”. Se trata del archivo feudal más grande conservado fuera de Japón y que ahora conserva la Biblioteca Vaticana. Estos documentos, recogidos en la década de 1930 por el salesiano Mario Marega, dieron pie, en 2013, a un gran proyecto de cooperación cultural que llevó a la Biblioteca y al Instituto Nacional de Humanidades de Japón a emprender el estudio, restauración y catalogación de estos miles de documentos, con decenas de investigadores japoneses que anualmente pasaban largos periodos de estancia en las instalaciones de la Biblioteca.

Mario Marega (1902-1978) fue un misionero salesiano en Japón, adonde llegó en 1930. Comenzó enseñando Filosofía a los jóvenes salesianos en Miyazaki y Takanabe, y luego se trasladó a Ōita donde trabajó como capellán y donde, en 1933, publicó tres obras en japonés: Ozanam, Shinkō no Konpon (Los orígenes de la fe) y Katorikku wa kotaeru (Los católicos responden). Vivió en Japón los duros años de la Segunda Guerra Mundial. Tras la guerra retomó sus actividades como misionero, docente y párroco en Usuki, Kyushu y Meguro. Su respeto por la cultura japonesa le llevó a traducir libros antiguos japoneses, lo que le atrajo el aprecio de la sociedad e incluso invitaciones a hablar en institutos y colegios sobre la cultura y el arte europeos. Son numerosas sus contribuciones a la investigación de la cultura japonesa, como la fundación de la revista cultura “Monumenta Nipponica” y la publicación en Italia de numerosos libros desde “Japón en cuentos y leyendas”, a Memorias cristianas de la región de Ōita. Las revistas misioneras de toda Italia no dejaron nunca de publicar sus numerosos artículos y aportaciones llegados de Japón.

Su labor misionera y cultural, estrechamente unidas, le llevaron al descubrimiento de documentos relativos a la historia del cristianismo en Japón. Los materiales que iba descubriendo los empezó a enviar a principios de los años cincuenta a Turín, aunque el grueso del fondo se envió a través de la nunciatura directamente a Roma en 1953. Así se fue creando lo que hoy se conoce como Fondo Marega, más de 10.000 documentos que recogen textos de literatura japonesa, manuscritos del período Edo y notas y apuntes personales de Marega.

El misionero salesiano nunca ocultó que la principal motivación de su esfuerzo de recopilación y estudio era recordar a las víctimas de la persecución japonesa. Muchos de los manuscritos de los siglos XVII a XIX, los más preciados, atestiguan la terrible represión que sufrieron los cristianos en Japón en el periodo Edo. Entre estos manuscritos destacan los registros con nombres de mártires, apostasía forzada y certificados obligatorios de fe budista. Por eso el padre Marega decía en una carta: “Cuando todos estos mártires estén inscritos en el Registro de los Santos, podré decir que mi mayor deseo se habrá hecho realidad”.