OMPRESS-NUEVA ZELANDA (18-05-21) Este próximo 15 de agosto todos los obispos neozelandeses se reunirán para renovar la consagración del país a Nuestra Señora de la Asunción. A ella le consagró Nueva Zelanda el primer misionero llegado a aquellas tierras, el obispo Pompallier en 1838. La Misa se celebrará en la emblemática Iglesia de Santa María de los Ángeles de Wellington, que se convertirá en el santuario nacional de Nuestra Señora de la Asunción, precisamente en la fiesta de esta advocación mariana. Se invitará a parroquias de todo el país a unirse en oración por la renovación de la dedicación.

Como preparación a este acto de consagración se ha encargado una obra de arte de María al artista Damien Walker de Christchurch. La obra la irá realizando durante un “hikoi”, el término que usan los maoríes para peregrinación o marcha, por cada una de las seis diócesis católicas del país en los tres meses previos a la Solemnidad de la Asunción, que comienzan este mes de mayo en Totara Point, en el puerto de Hokianga, lugar en el que Mons. Jean-Baptiste Pompallier celebró la primera misa en suelo neozelandés el 13 de enero de 1838 y dedicó el país a María bajo el título de Nuestra Señora Asunta al Cielo. Tras el “hikoi”, el cuadro de María, será colocado en la capilla bautismal del nuevo santuario nacional. La Iglesia de Santa María de los Ángeles – a partir del 15 de agosto, de Nuestra Señora de la Asunción – abrió sus puertas en 1922, atendida por religiosos de la Sociedad de María, la congregación de Mons. Pompallier, muy ligada al nacimiento de las Obras Misionales Pontificias en Lyon, Francia.

“La pintura presenta a María como un símbolo de unidad en su maternidad universal, uniendo el cielo y la tierra en su hijo”, explica el artista Damien Walker. “Ella refleja la unidad de la Iglesia, que llega hasta los confines de la Tierra, extendiéndose no solo a través de los océanos sino también a través de los siglos. La obra tiene un distintivo sabor neozelandés, enfatizando también la unidad del tangata whenua – el pueblo de la tierra en maorí – con todos los demás pueblos que han llegado a vivir junto a ellos en la asociación del bi-culturalismo, llamados a vivir la misma fe y bautismo”.

Mons. Stephen Lowe, obispo de Hamilton y secretario de la Conferencia Episcopal Neozelandesa, explicaba que muchos católicos habían solicitado a los obispos hace un año, durante el confinamiento con motivo del covid, consagrar Nueva Zelanda a María para implorar su protección. “Mons. Pompallier ya había dedicado el país a María”, señaló el obispo, por lo que se pensó en renovar esta dedicación.