OMPRESS-VENEZUELA (15-09-21) La misionera Clementina Tostón, de la Congregación de Santo Domingo, envía el testimonio del milagro de solidaridad que tiene lugar todas las semanas en San José de Barlovento, en el estado venezolano de Miranda. Con ayuda de voluntarias se prepara una olla solidaria para los más necesitados partiendo literalmente de cero y sin tener nada.

“Queremos contarles brevemente cómo cada viernes se da el gran milagro para poder obtener los alimentos necesarios para la ‘olla solidaria’ del sábado. Cada sábado preparamos tres ollas solidarias de gran tamaño, de 200 litros cada una, para dar de comer a más de 400 personas todos los sábados. El primer milagro se da los viernes cuando llega la gente de nuestros campos con sus sacos de yuca, ñame, topocho, auyama y aliños para cambiarlos por ropa que tenemos en el ropero que nos envían nuestros bienhechores desde España, de Bilbao y de aquí de Caracas, que también algunas parroquias nos ayudan. Ahí está el primer milagro. Ese cambio de los productos del campo por los productos que nosotros tenemos en el ropero. Gracias a esto se puede preparar la comida del sábado.

El sábado a eso de las 7:00 de la mañana el equipo, alegremente, nos preparamos para nuestra tarea. Yo bendigo al señor por todas estas señoras que dejan todo en su casa para dedicarse a esta labor social a cambio de nada, a cambio de un gracias, y gracias a esta generosidad y a sus corazones generosos, se puede hacer todo a toda esta labor. Lo primero organizamos las verduras para picarlas. Como es mucha cantidad, cada una nos ponemos en una mesa, cada una con su trabajo ya asignado y preparamos las tres ollas. Tenemos un equipo de señores que nos ayudan también. Se han unido generosamente al equipo para el trabajo más pesado, que es montar las ollas y bajar las ollas, porque son muy pesadas para poderlo hacerlo nosotras las mujeres. Como tenemos que cocinar con leña porque no tenemos gas, ellos preparan los fogones, preparan la leña, la pican y nos ayudan y nos apoyan en este trabajo.

Después de todos esos preparativos de las ollas, aproximadamente a las 11:00 de la mañana nos disponemos a prepararlo todo para repartir los alimentos a la gente, porque ellos desde muy temprano están esperando. Tienen hambre. Bueno gracias a dios pues no nos falta ni nos sobra. Se reparten las tres ollas de comida y alcanza para todos. Les llenamos todos sus envases, sus ollitas. Lo que traigan se lo llenamos para cinco, para seis, para los que haga falta. Para ellos y para los que se quedaron en la casa que no pudieron ir porque están más enfermitos, porque son niños. Pero para todos hay y gracias a Dios esto se multiplica cada día, y podemos dar de comer a 500.

Yo me siento feliz porque Dios es grande y maravilloso y nos bendice cada día con esta obra tan hermosa. Esta obra es una obra del Señor y el Señor no se deja ganar en generosidad. Cada sábado es un milagro. Cada viernes es un milagro. Porque empezamos desde cero. No tenemos nada el viernes cuando llegamos y cuando nos venimos nos queda lleno todo de productos para el día siguiente. Esto es emocionante vivirlo. Por eso quiero dar las gracias a las parroquias de Bilbao que nos ayudan, a la parroquia San Juan Bautista de Leioa, a las parroquias de Miribilla, a las Obras Misionales Pontificias de Bilbao, a la parroquia de la Encarnación en Caracas, a la parroquia de la Boyera en Caracas. Gracias a todos por su apoyo, por su generosidad, por estar pendiente de nosotros. La materia prima está precisamente en todo lo que ustedes nos envían de ropa, útiles escolares, medicamentos… Muchas gracias. Dios los bendiga a todos. Siempre están en nuestras oraciones”.