OMPRESS-ROMA (10-01-22) El Espíritu, dice el Papa Francisco en el mensaje para el Domund 2022, inspira a “hombres y mujeres sencillos para misiones extraordinarias”. Es lo que hizo con los fundadores de las Obras Misionales Pontificas, a los que este año se recuerda de una manera especial por la coincidencia de diversos centenarios. Mujeres y hombres que fueron testigos, y ese ha querido el Papa, inspirado en las palabras de Jesús resucitado a sus apóstoles, que sea el lema del Domund de este año: “Para que sean mis testigos” (Hch 1, 8).

Hecho público con 10 meses de antelación, este mensaje del Domund es en sí mismo un homenaje a estos testigos que pusieron en marcha cada una de las cuatro Obras Misionales Pontificias y a todos los que viven que “la Iglesia es misionera por naturaleza”. Un año verdaderamente jubilar, 2022, dice el mensaje, que “nos ofrece la ocasión de conmemorar algunas fechas relevantes para la vida y la misión de la Iglesia: la fundación hace 400 años de la Congregación de Propaganda Fide —hoy, para la Evangelización de los Pueblos— y de la Obra de la Propagación de la Fe, hace 200 años, que, junto a la Obra de la Santa Infancia y a la Obra de San Pedro Apóstol, obtuvieron hace 100 años el reconocimiento de ‘Pontificias’”.

En los fundadores de las OMP, como en cualquier discípulo que quiera seguir a Jesús de cerca, identifica el Papa los tres fundamentos de su vida y de su misión, recogidos en el texto de los Hechos de los Apóstoles: “Para que sean mis testigos”, “hasta los confines de la tierra” y “el Espíritu Santo vendrá sobre ustedes y recibirán su fuerza”. Ser testigo es a lo que está llamado cada cristiano, porque la Iglesia “no tiene otra misión si no la de evangelizar el mundo dando testimonio de Cristo. La identidad de la Iglesia es evangelizar”. El “hasta los confines de la tierra” es un cuestionamiento a todo discípulo para “ir siempre más allá de los lugares habituales para dar testimonio de Él”, porque “ninguna realidad humana es extraña a la atención de los discípulos de Cristo en su misión”. Y todo ello sabiendo que “el Espíritu es el verdadero protagonista de la misión, es Él quien da la palabra justa, en el momento preciso y en el modo apropiado” y es, también, “la única fuerza que podemos tener para predicar el Evangelio, para confesar la fe en el Señor”.

Ese mismo Espíritu inspiró a las fundadoras y fundadores de las Obras Misionales. La primera de ellos, Paulina Jaricot, cuya beatificación se celebrará este año, “acogió la inspiración de Dios para poner en movimiento una red de oración y colecta para los misioneros, de modo que los fieles pudieran participar activamente en la misión ‘hasta los confines de la tierra’. De esta genial idea nació la Jornada Mundial de las Misiones que celebramos cada año, y cuya colecta en todas las comunidades está destinada al fondo universal con el cual el Papa sostiene la actividad misionera”. Recuerda también el Papa Francisco al obispo francés Charles de Forbin-Janson, que comenzó la Obra de la Santa Infancia para promover la misión entre los niños con el lema “Los niños evangelizan a los niños, los niños rezan por los niños, los niños ayudan a los niños de todo el mundo”; así como a la señora Jeanne Bigard, que dio vida a la Obra de San Pedro Apóstol para el sostenimiento de los seminaristas y de los sacerdotes en tierra de misión. Estas tres obras misionales fueron reconocidas como “pontificias” precisamente hace cien años, recuerda el Papa Francisco. “Y fue también bajo la inspiración y guía del Espíritu Santo que el beato Pablo Manna, nacido hace 150 años, fundó la actual Pontificia Unión Misional para animar y sensibilizar hacia la misión a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas, y a todo el Pueblo de Dios. El mismo Pablo VI formó parte de esta última Obra y confirmó el reconocimiento pontificio”. Espero, concluye el mensaje, “que las Iglesias locales puedan encontrar en estas Obras un sólido instrumento para alimentar el espíritu misionero en el Pueblo de Dios”.