OMPRESS-EL SALVADOR (1-09-21) El próximo 22 de enero serán beatificados cuatro mártires de El Salvador en una ceremonia presidida por el cardenal salvadoreño Gregorio Rosa Chávez. Se trata del sacerdote jesuita Rutilio Grande, asesinado en 1977 junto a los dos laicos que lo acompañaban, el anciano Manuel Solorzano (72 años) y el joven Nelson Rutilio Lemus (16 años). Los tres nuevos beatos fueron tiroteados el 12 de marzo de 1977 por los paramilitares Escuadrones de la muerte, lo que supondría una verdadera conmoción para el entonces arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Romero, que también sería asesinado tres años después. El cuarto mártir salvadoreño en ser beatificado es el franciscano de origen italiano Cosme Spessotto, tiroteado en 1980. Esta ceremonia de beatificación ha sido esperada desde febrero 2020, fecha en que el Papa Francisco aprobó el decreto que reconocía su martirio, pero que fue postergada debido a la situación de emergencia generada por el covid-19.

Rutilio Grande es reconocido en El Salvador por su vida entregada a la gente más humilde, en una época turbulenta en el país, y cuyo compromiso y defensa de los más pobres fue su sentencia de muerte. También es conocida la gran amistad que tuvo con Mons. Romero. El padre “Tilo”, como era conocido por su gente, nació el 5 de julio de 1928 en El Paisnal, El Salvador. Fue en esta zona donde vivió toda su misión y compromiso, y donde volcó su vocación como jesuita. A su muerte, miles de personas asistieron a la eucaristía que presidió Mons. Romero en la Catedral.

Fray Cosme Spessotto, sacerdote franciscano, nació el 28 de enero de 1923 en un pequeño pueblo de la provincia de Treviso, Italia. Llegó a El Salvador en 1950, donde fue párroco en San Juan Nonualco, departamento de La Paz, durante 27 años. Allí construyó una nueva iglesia y fundó una escuela parroquial para más de mil niños. Fue asesinado por “odio a la fe” el 14 de junio de 1980 mientras oraba antes de celebrar la eucaristía. Antes de su asesinato el Fray Spessotto escribió en su testamento espiritual “Morir como mártir sería una gracia que no merezco”.