OMPRESS-PAMPLONA (10-03-22) “La Iglesia es misionera por naturaleza”, afirmó en la Universidad de Navarra Mons. Giampietro Dal Toso, presidente de las Obras Misionales Pontificias, con motivo de su intervención en la Jornada ‘La misión evangelizadora de la Iglesia’, celebrada en la Facultad de Teología. Junto a él participó José María Calderón, antiguo alumno del centro académico y director de las Obras Misionales Pontificias de España, quien explicó la misión en la Iglesia y su perspectiva de futuro; y recordó que España siempre ha sido tierra de misioneros: “Hasta el día de hoy son más de 10.000 los españoles que están en alguna misión repartidos por el mundo”.

Como recoge la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, Mons. Dal Toso centró su exposición en los principios teológicos para la acción misionera y para las Obras Misionales Pontificias. Explicó que, para poder llegar a la misión, en concreto a la misión ad gentes, es imprescindible tener la Trinidad como punto de partida, además de servirse de cuatro elementos: el diálogo, el testimonio, el anuncio y la fundación de nuevas iglesias.

“Vincular la misión de la Iglesia con la misión trinitaria no sólo confiere una base sólida de la misión, sino que le otorga el carácter de obra divina: ser enviados por Cristo para seguir sus pasos, para la salvación del mundo, y fortalecidos con la ayuda del Espíritu Santo”, dijo.

En este sentido hizo hincapié en que es bueno evitar cualquier reducción eclesiológica de la misión, “es evidente que la misión es también obra de la Iglesia, pero si la misión fuese sólo voluntad, la obra de la Iglesia sería un modelo que se podría intercambiar fácilmente y, sobre todo, se limitaría a un horizonte puramente temporal de organización en este mundo”. Y añadió: “La misión trinitaria es una misión deseada por Dios desde la eternidad y con un horizonte de eternidad. La misión no está a disposición de la Iglesia, sino que es la Iglesia la que está a disposición de esta misión”.

En su mensaje profundizó también en la universalidad de la palabra de Dios, que tiene como finalidad que todos los hombres se salven. De ahí la importancia de que el Evangelio se presente siempre revestido de una cultura concreta, porque de lo contrario no podría ni siquiera ser anunciado: “No hay una cultura única para transmitir, concebir y vivir el evangelio. No podemos encerrar la fe cristiana en el horizonte de una única cultura, como tampoco podemos negar a cada cultura la posibilidad de enriquecerse gracias a la fe cristiana”.

Explicó que un renovado celo misionero pasa por una renovada reflexión teológica sobre la misión y destacó algunos elementos teológicos que rigen las Obras Misionales Pontificias. Así recordó que las OMP nacieron hace 200 años por iniciativa de fieles laicos que habían comprendido no sólo la importancia de la participación de todos los bautizados en la obra misionera, sino que ésta debía llegar a todos los lugares: “El carisma propio de las OMP es el de ayudar al cristiano a vivir su fe en su calidad misionera y universal”. Y recalcó que para ello son clave estos tres elementos: “La fe, la misión y la universalidad”.