OMPRESS-ROMA (22-02-22) El cardenal Luis Antonio Tagle, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el dicasterio misionero de la Santa Sede que este año cumple cuatro siglos de existencia, ha animado a no dejarse a intimidar por el concepto de “evangelización”, algo que en realidad es tan sencillo, como una conversación o una simple interacción con otra persona. Es lo que afirmaba en su intervención del pasado 19 de febrero en la Conferencia reunida en el Vaticano durante tres días que ha tenido como tema la Teología del sacerdocio. Al cardenal Tagle se le pidió que clausurara el encuentro que había abierto el mismo Papa Francisco con una hermosa reflexión sobre sus 52 años de sacerdocio.

“A veces hacemos las cosas muy complicadas, evangelización es una conversación Es una conversación sobre Jesús”, explicaba el prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. “La simple interacción humana o conversación centrada en la Palabra de Vida que fomenta la unidad”, añadía, “y se debe fomentarse, especialmente en las familias, las escuelas, los lugares de trabajo, los lugares de descanso, los hospitales, las redes sociales, durante las pausas para el café y las simples reuniones de amigos”.

En su intervención señaló, el cardenal Tagle señaló que “la misión forma comunidad, que a su vez se convierte en la llama que enciende a otros misioneros”. El cardenal recordó que uno de los jóvenes, delegados en el Sínodo de los Obispos de 2018 sobre los jóvenes, le había dicho que la experiencia de la Iglesia de sus amigos era de sacerdotes que estaban “enfadados, impacientes, inaccesibles”, y que “critican a las personas durante las homilías y hablan siempre sobre normas”,

Ante esto, el prelado vaticano reflexionaba que “hay muchas razones por las que nos sentimos cansados, vacíos y sin alegría. Pero me pregunto: ¿es posible que una de las razones de la pérdida de la alegría en un bautizado o en un ministro de la Iglesia sea la falta o el debilitamiento del sentido de misión?”. Y es que “sin compromiso con la misión, el sacerdocio de la vida del bautizado o del consagrado y el sacerdocio ministerial están privados de alegría. ¿Por qué? Porque el sacerdocio de Cristo está intrínsecamente ligado a su misión”.

“El sacerdocio de Jesús es completamente misionero y continúa siéndolo porque Él intercede eternamente por sus hermanos y hermanas ante el Padre”, explicaba. “El sacerdocio de Jesús es una vida enteramente misionera. Quita la misión y no habrá alegría, no habrá alegría en quienes participan del sacerdocio de Cristo en el bautismo, en otros estados de vida, y en el sacerdocio ministerial”. De hecho, A los Jesús ama es a los que envía, por lo que es un “amor peligroso. Cuanto más te ama más te envía”.

“Pertenecer a Jesús y compartir su misión”, aclaraba el cardenal Tagle, no es cuestión de “crear o promover un proyecto propio, sino de participar en el plan salvífico de Dios en las misiones de Jesús y el Espíritu Santo”. Por eso, “es la alegría, no de inventar el propio mensaje, sino de proclamar lo que se ha oído, visto, mirado y tocado de la palabra de vida. Es la alegría, no de jactarse del propio conocimiento del Señor, sino de ser guiados humildemente por el testimonio del Espíritu Santo sobre Jesús. Es la alegría, no de estar obsesionado con los logros, los títulos – oh, yo tengo un doctorado, tú solo una licenciatura, merezco la catedral, tú, una parroquia de pueblo. – Eso no es alegría. Eso es la obsesión por los logros”. Compartir la misión de Jesús “es la alegría de la gratitud a Aquel que hace fuertes a los discípulos débiles y pecadores con su gracia”. Lo que queremos todos es que “cada cristiano bautizado experimente la alegría de ser un discípulo misionero”.