OMPRESS-CAMBOYA (2-12-21) En la provincia de Pursat, en la zona oeste de Camboya, misioneras de Corea fundaron una misión en 2010 con el objetivo de apoyar el acceso a la educación de los niños de la región. Las hermanas pertenecen a la Congregación de las Religiosas de la Educación Cristiana, fundada en Francia en 1817. Se fundaron precisamente para que la educación volviera, tras los años convulsos de la revolución y de las guerras napoleónicas, a regiones como Normandía. Aquella labor la han extendido a muchos lugares del mundo.

En Camboya, con la pandemia, todas las escuelas estuvieron cerradas durante varios meses, con el riesgo de que muchos alumnos de zonas rurales abandonasen su educación. A pesar de ello Camboya ha logrado en los últimos años notables avances en el acceso a la educación, con un 97% de niños matriculados en primaria.

La hermana Kim Bun-seon, durante una visita pastoral reciente a una aldea, se sorprendió al descubrir que en varias familias, los niños están trabajando con sus padres en el campo o participando en otras tareas domésticas y quehaceres. “Los padres llevan a sus hijos al trabajo. Aquí, dan prioridad a las tareas del hogar sobre la educación de sus hijos”, declaraba la hermana a la agencia católica UCA News.

A pesar del índice de escolarización de primaria, ese 97%, muchos niños se retrasan y terminan por abandonar la escuela por diversas razones, como la falta de preparación adecuada para el entorno educativo debido a la pobreza, la desnutrición y la mala educación. Según un informe de Unicef muchos niños no tienen el nivel escolar que deberían tener a su edad. Solo el 27% de los estudiantes de 3 a 5 años están lo suficientemente preparados para aprender a leer, escribir y contar, y a los 17 años, el 55% de los adolescentes ya ha abandonado la escuela.

Por estas razones y siguiendo su vocación de dedicación a la educación, las misioneras crearon la escuela infantil de Notre-Dame de Miséricorde en la parroquia de Pursat, así como una sala de estudio para estudiantes de primaria, secundaria y preparatoria, provenientes de siete pueblos de la región. Una labor de la que se benefician casi 800 niños cada semana. Además de la educación general, las monjas organizan sesiones de lectura, lecciones de inglés y varias otras actividades como danza, artes plásticas y deportes. Antes de la llegada de las hermanas, muchos niños no iban a la escuela y muchos padres eran analfabetos. Hoy todavía les falta entusiasmo para mandarlos a la escuela, y es común ver niños trabajando en gasolineras o en el campo. La hermana Kwak comparte la tristeza que siente cada vez que un niño abandona la escuela. “Cada vez que un estudiante abandona su educación, debido a la pobreza, duele mucho. Lo único que quiero es ayudarles a crecer en la dignidad que han recibido de Dios”, explica. Una pobreza que ha aumentado con la crisis económica causada por la pandemia

En Camboya, los católicos son unos 20.000, una pequeña minoría de una población de más de 16 millones, en su mayoría budistas. La Iglesia cuenta con tres jurisdicciones eclesiásticas, que todavía no son diócesis: un vicariato apostólico y dos prefecturas apostólicas.