OMPRESS-ALICANTE (21-10-21) Mons. Jesús Murgui Soriano, obispo de Orihuela-Alicante, escribe a sus files con motivo del Domund del próximo domingo, animándoles a aprovechar esta fiesta misionera para recordar la propia llamada a la misión, a compartir el don de la fe.

“La Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND) es celebrada por la Iglesia, este año, el domingo 24 de octubre. Esta Jornada se celebra cada año para que mantengamos viva la conciencia de que la Iglesia es misionera por naturaleza y sobre todo para ayudar a los misioneros en su labor evangelizadora, que se desarrolla entre los más pobres.

La celebración de esta fiesta misionera es una gran ocasión para recordar que si la Iglesia perdiera su dinamismo misionero y dejara de anunciar y compartir lo que ha ‘visto y oído’, traicionaría su naturaleza y su razón de ser. La Iglesia no se anuncia a sí misma, sino a Jesús como Cristo y Señor, vencedor de la muerte y portador de la esperanza para el mundo. Esto es lo esencial de la Misión. Tal como nos recuerda el lema de este año: ‘No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído’ (Hech 4, 20).

El Anuncio de la Buena Noticia del Evangelio es lo esencial, y no sería acertado juzgar a la Iglesia exclusivamente por su compromiso social. El papa Francisco no se ha cansado de repetir desde su primer mensaje para el Domund, en 2013, ‘que la Iglesia no es una organización asistencial, una empresa, una ONG, sino que es una comunidad de personas, animadas por la acción del Espíritu Santo, que ha vivido y viven la maravilla del encuentro con Jesucristo’.

Y es la huella de este encuentro con el Señor la que hace que los cristianos vivan su vocación ‘como una verdadera historia de amor, que les hace salir a las periferias del mundo y convertirse en mensajeros e instrumentos de compasión’ y, de este modo, expresar ‘su implicación total y pública en la transformación del mundo y en la custodia de la creación’, escribe papa Francisco en el mensaje del Domund de este año.

Recordemos que celebramos, por segundo año consecutivo, esta Jornada, en el contexto de la crisis sanitaria y economía mundial, que afecta especialmente a las tierras de misión, marcadas por los sufrimientos que sigue causando la pandemia del Covid-19.

En estas circunstancias la labor de la Iglesia, consecuente de dar testimonio de Jesucristo, como historia de amor y compromiso, adquiere un relieve más significativo, porque se dirige a las personas más necesitadas en muchos países del tercer mundo, donde se mantiene en primera línea en la lucha contra el virus, la pobreza y el hambre. Esta situación nos apremia a responder todavía con más generosidad a las necesidades de la misión.

La generosidad en el testimonio, en la respuesta, en la ayuda material, es fruto de la fuerza trasformadora del amor de Dios en nosotros, en la medida que vivimos el encuentro con Cristo, que nos cambia la vida, que nos cambia el corazón. Es desde ahí, desde donde nos sentimos impulsados a anunciar y a compartir ‘lo que hemos visto y oído’.

En estas circunstancias, pues, sea especial nuestra generosidad. Además de que, en el contexto actual que vivimos, celebrar el Domund nos recuerda la llamada a la misión, a salir de nosotros mismos por amor a Dios y al prójimo para compartir los dones recibidos de Dios, especialmente el don de la fe. Y somos estimulados en esto por el ejemplo de nuestros misioneros en tierras lejanas, por aquellos hermanos y hermanas que están dando la vida en la misión, capaces de dejar su tierra y su hogar, poniéndose en camino para que el Evangelio pueda llegar a todos los pueblos y ciudades, a todos los ambientes, a todas las personas sedientas de Dios y de su misericordia, apiadándose de sus múltiples circunstancias adversas y necesidades.

Pidamos en todas las parroquias y comunidades de nuestra Diócesis, para que el Domund sea ocasión de reavivar nuestro ser discípulos misioneros, afortunados de haber encontrado y conocido al Señor, e impulsados, por ello, a compartir ‘lo que hemos visto y oído’. Impulsados, ante el testimonio de nuestros misioneros, a pedir por ellos y a rogar por las vocaciones, especialmente en estos tiempos de tantas miserias y necesidades, tiempos faltos de fe y de amor. Roguemos a Santa María, Madre de Dios y madre nuestra, que como Salud de los enfermos y Estrella de la nueva evangelización, nos siga sosteniendo en el camino de la misión”.