OMPRESS-ROMA (22-03-22) “El agua es un don de Dios para nosotros y un patrimonio común cuyo destino universal debe ser asegurado para cada generación”, afirma el Papa Francisco, en el Día Mundial del Agua, en su mensaje al Foro Mundial del Agua, reunido en Dakar, Senegal.

“Hoy, más de dos mil millones de personas se ven privadas del acceso al agua potable y/o al saneamiento. Pensemos en todas las consecuencias concretas que esto puede tener, en particular para los pacientes en los centros de salud, para las parturientas, para los presos, refugiados, desplazados”, añadía. Por eso, el Papa hace un llamamiento “a todos los responsables políticos y económicos, a las distintas administraciones, a quienes están en condiciones de dirigir la investigación, la financiación, la educación y, en particular, la explotación de los recursos naturales e hídricos, para que se comprometan a servir el bien común con dignidad, determinación, integridad y espíritu de cooperación”. Además recordaba el Papa cómo gran parte del agua dulce del mundo, comenzando por los ríos, es un bien que va más allá de las fronteras: “¿Cómo no pensar en el río Senegal, pero también en el Níger, el Nilo y los demás grandes ríos que atraviesan varios países? En todas estas situaciones, el agua debe convertirse en símbolo de acogida y bendición, motivo de encuentro y colaboración que acreciente la confianza mutua y la fraternidad”.

Más enérgica era su denuncia de la situación de tantas personas que carecen de agua, en las palabras que el Papa dirigió ayer a la organización de voluntariado “Ho avuto sete” (tuve sed), que tanto trabaja con los misioneros en África para paliar este problema. Agradecía la labor que hacían y recordaba cómo las guerras, en clara alusión a la de Ucrania, nos desvían de los verdaderos problemas: “¿Por qué, entonces, ir a la guerra por conflictos que deberíamos resolver hablando como hombres? ¿Por qué no unir nuestras fuerzas y nuestros recursos para librar juntos las verdaderas batallas de la civilización: la lucha contra el hambre y la sed; la lucha contra las enfermedades y las epidemias; la lucha contra la pobreza y la esclavitud de hoy? ¿Por qué? Algunas elecciones no son neutrales: destinar gran parte del gasto a las armas significa quitárselo a otras cosas, significa seguir quitándoselo una vez más a quien carece de lo necesario. Y esto es un escándalo: el gasto en armas. ¡Cuánto se gasta en armas, terrible!”. Un gasto en armas destinado a “hacer guerras, no solo esta, que ahora vivimos que es muy grave, que sentimos más porque está más cerca, pero en África, en Oriente Medio, en Asia, las guerras continúan”.

Y concluía: “Es necesario crear la conciencia de que seguir gastando en armas ensucia el corazón, ensucia a la humanidad. ¿Para qué sirve comprometernos todos juntos, solemnemente, a nivel internacional, en campañas contra la pobreza, contra el hambre, contra la degradación del planeta, si después volvemos a caer en el viejo vicio de la guerra, en la vieja estrategia del poder de los armamentos, que hace que todo y todos volvamos atrás? Una guerra siempre te hace retroceder, siempre. Andamos hacia atrás. Tendremos que volver a comenzar”.