OMPRESS-ETIOPÍA (23-06-21) El misionero comboniano Juan Antonio González Núñez lleva 40 años como misionero en Etiopía. Desde septiembre del año pasado es el administrador apostólico del Vicariato etíope de Hawassa. Es autor de libros y artículos sobre la cultura etíope, las etnias del país y sobre la vivencia de la misión y el Evangelio en Etiopía. El último, recién publicado en la Editorial Mundo Negro, se titula “Oh Dios, ¿estás ahí?, reflexiones sobre el Creador desde un rincón de África”. Juan escribe a las Obras Misionales Pontificias desde su misión para contar cómo están viviendo también allí estos tiempos de pandemia.

“Llevo casi nueve meses en el nuevo cargo de Administrador Apostólico de Hawassa (algo así como hacer de obispo sin serlo) y, aunque, gracias a Dios, no han surgido conflictos o dificultades particulares, el trabajo es realmente complicado para mi edad, fuerzas y capacidades. Otros me están ayudando y llevando el peso mayor. Yo más bien ‘represento’. Y eso se me da bastante bien, por lo que estoy sereno y optimista. Si el Señor ha querido ponerme aquí, pienso que sus planes tendrá y yo los acepto en la fe. Eso trato de hacer en la oración de cada día.

Etiopía sigue con sus grandes conflictos étnicos. Ayer ha habido elecciones generales y no se sabe si las cosas se arreglarán o empeorarán. En nuestro querido Gumuz donde pasé los últimos diez años, siguen produciéndose muertes. La misión de Gublak, que yo inicié y que conocéis, está cerrada desde hace seis meses. Hasta ahora la habían respetado, pero ahora la han forzado y se han llevado muchas cosas. En la misión contigua de Gilgel Beles, los misioneros no han podido salir a los poblados en todo este tiempo. Todos los programas pastorales están parados y las escuelas cerradas prácticamente desde hace dos años.

El coronavirus sigue extendiéndose, aunque no de manera muy virulenta. De los combonianos, lo han pasado 8 padres (un tercio) y 9 postulantes (todos) sin mayores problemas. Solo a nuestro veterano de 90 años se lo llevó a la tumba. Lo enterramos hace pocos días aquí en Hawassa. También han llegado las vacunas. Los sacerdotes y hermanas estamos vacunados de la primera dosis y esperamos la segunda, que ya tarda en llegar”.