OMPRESS-ROMA (10-12-21) Este 12 de diciembre Roma y la Ciudad de México se unirán, junto a toda la Iglesia en América y Filipinas, en torno a la Virgen de Guadalupe, primero con la oración mariana del Rosario y, a las 12:00h con la Celebración Eucarística, a la que seguirá el rezo del Ángelus. Se sucederán las oraciones e invocaciones, con las cinco decenas de Avemarías, dirigidas por representantes de diferentes pueblos y culturas. Todo en la fecha que recuerda aquel 12 de diciembre de 1531 cuando, en pleno invierno, la Virgen hizo crecer rosas en el suelo rocoso del cerro del Tepeyac. Juan Diego las recogió en su tilma y, al esparcirlas frente al obispo Fray Juan de Zumárraga, ocurrió el milagro de la imagen en aquella tilma.

En el santuario de Ciudad de México, la patrona de América y Filipinas espera la visita de más de cuatro millones de peregrinos que le rendirán homenaje. Debido a las medidas contra la pandemia, los devotos podrán visitar a la Virgen en el Santuario del cerro del Tepeyac, pero no podrán pernoctar en el Atrio de las Américas y su flujo será continuo para evitar multitudes. El año pasado, la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe estuvo cerrada del 9 al 12 de diciembre y el homenaje a la “Morenita” se redujo al encendido de miles de velas en el atrio.

Fue con motivo del sínodo y la exhortación apostólica postsinodal “Ecclesia in America” de 1999 cuando San Juan Pablo II acogió la iniciativa de celebrar, en todo el continente americano, la Fiesta de la Virgen de Guadalupe. “La aparición de María al indio Juan Diego en la colina del Tepeyac, el año 1531, tuvo una repercusión decisiva para la evangelización”, decía la exhortación. “A lo largo del tiempo ha ido creciendo cada vez más en los Pastores y fieles la conciencia del papel desarrollado por la Virgen en la evangelización del Continente” y, por eso, añadía el Papa Juan Pablo II, “acojo gozoso la propuesta de los Padres sinodales de que el día 12 de diciembre se celebre en todo el Continente la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, Madre y Evangelizadora de América. Abrigo en mi corazón la firme esperanza de que ella, a cuya intercesión se debe el fortalecimiento de la fe de los primeros discípulos, guíe con su intercesión maternal a la Iglesia en este Continente, alcanzándole la efusión del Espíritu Santo como en la Iglesia naciente, para que la nueva evangelización produzca un espléndido florecimiento de vida cristiana”.