OMPRESS-NÍGER (13-12-21) El misionero Rafael Marco, de la Sociedad de Misiones Africanas, escribe desde la población de Dosso, Níger, en el sureste del país, no muy lejos de las fronteras de Benín, Nigeria y Burkina Faso, compartiendo experiencias y proyectos, y la alegría de una celebración.

“El día de la Inmaculada celebramos la fiesta de nuestra fundación, este año el 165 aniversario. En todas las comunidades de la Sociedad de Misiones Africanas vivimos ese día de una manera especial. Nosotros, misioneros de Níger, lo celebramos en Dosso por todo lo alto que se puede festejar en Níger, pero con una inmensa alegría. ‘Bienvenidos Habib y Jolidón. ¿Qué tal el viaje? Gracias por el güisqui, no teníais por qué molestaros, ¡pero lo vamos a celebrar!’. Eran los primeros que llegaban al encuentro de los compañeros SMA del sector para celebrar nuestra fiesta fundacional. Hacía ya casi dos meses desde que iniciamos juntos nuestra aventura misionera, ellos en Dogon Duchi y nosotros, René y yo, en Dosso. Más tarde llegaban Mauro de Niamey con algo de queso y un buen vino, después, cargados de polvo y paciencia, Isidro y Pekys después de superar una carretera endemoniada desde Gaya.

Queríamos celebrar nuestra fiesta. Sí, festejar, charlar, compartir, rezar y otear el futuro en nuestras misiones entre hermanos. Primero la alegría de volverse a ver y luego poder hablar de nuestras cosas de forma distendida, pero seria y sustanciosa. Los de Dogon Duchi nos hablan del pozo y el agua corriente que han puesto en funcionamiento, duchas en las habitaciones, arreglos, pero sobre todo las visitas a cinco pueblos donde hay familias cristianas con varias personas del comité parroquial, el aprendizaje del ‘hausa’, los encuentros con los diversos grupos parroquiales y las comunidades de base.

Después nos cuentan la situación difícil en la que se encuentra la gente a causa de la cosecha desastrosa y de la hambruna que amenaza, de un niño que tienen que operar y no saben qué solución pueden dar y dónde… Nos hablan de su colaboración con las monjas y el trabajo de alfabetización con las mujeres, el tacto con el que tienen que tratar a los viejos cristianos hausas muy susceptibles con los cambios. Mucho trabajo en perspectiva, pero la conclusión no puede ser más esperanzadora: ‘Me siento feliz, concluye Habib’.

Pekys acaba de llegar. Desde hace una semana se encuentra en Gaya donde va a pasar un año pastoral. Agradece insistentemente la acogida y facilidades que se le han dado. En Gaya, donde Isidro nos habla de su comunidad multiétnica y abarrotada de jóvenes benineses que han llegado allí a estudiar enfermería, de sus visitas regulares a la cárcel con ayuda de alimentos y medicinas a los prisioneros más desatendidos, la atención a los malnutridos del hospital infantil… y la situación que se hace cada vez más difícil por la mala cosecha, subida de precios, personas que lo pasan mal por falta de alimentos.

De Dosso les contamos todos los intentos que hacemos por conocer a la gente, los problemas que se plantean, los grupos de jóvenes que se intentan organizar, nuestro estudio de la lengua djerma, las visitas a domicilio, la fiesta de Navidad que empezamos ya a organizar… y René concluye diciendo: ‘En Dosso la vida es bella’. Toma ya. René es seminarista. Está haciendo un año de pastoral conmigo. Está aprendiendo con el mejor ánimo y disponibilidad. Luego hará Teología y será ordenado sacerdote, pero aquí ejercitará su sensibilidad pastoral, su atención a los pequeños, a la sabiduría del pueblo y a la acción sorprendente de la gracia. No me sorprende del todo su reacción, me complace y hasta me rejuvenece no sé dónde. Mauro, de Niamey, nos da la temperatura del país, un contexto moroso y una situación que no termina de salir de la incertidumbre e inseguridad. Sigue ocupándose de los emigrantes y preparando su día de referencia, el 18 próximo. Son innumerables los emigrantes que pasan por Niamey antes de emprender la travesía del desierto. Comentamos unos aspectos u otros de nuestra vida y actividades misioneras y hacia el final sacamos a relucir lo que nos parece más importante: la hambruna que amenaza y que irá acrecentándose a medida que pasen los días hasta la próxima cosecha, entre julio y septiembre y que ya se percibe en las gentes que abandonan sus pueblos en busca de una solución siempre incierta. Estudiamos qué podemos hacer a nuestro nivel y cómo nos podemos organizar con nuestras comunidades para hacer frente a algo demasiado frecuente en este país porque si el año pasado fue duro este año puede ser catastrófico.

Otro de los temas ha sido el de la reserva y cierto recelo de nuestros fieles hacia la sociedad musulmana que parece que ha ido creciendo estos últimos años después de la quema de iglesias en 2015 y las agresiones yihadistas a ciertas comunidades cristianas. ¿Qué pastoral organizar? ¿Cómo consolidar en las comunidades nuestra identidad y confianza? ¿Cómo sensibilizar a nuestro instituto para que se implique más en Níger y sin temor?

Y luego están los jóvenes. No es fácil ser cristiano en una sociedad fuertemente islamizada en trances de radicalización y sobre todo para jóvenes nacidos aquí pero de padres emigrantes, cristianos interpelados continuamente en sus estudios, trabajos, movidas juveniles, juegos. ¿Cómo ayudarles a fundamentar su fe sin convertirlos en radicales fundamentalistas?

Son los deberes que nos hemos puesto y que tendremos que trabajar y que en la Eucaristía que celebramos a continuación ponemos a los pies de María como lo hicieron nuestros fundadores hace 165 años en la basílica de Fourvière en Lyon? Nuestra única y humilde pretensión es la de seguir sus huellas y proyecto por la que brindamos con un ágape festivo y fraterno. Habrá que volverse a ver pronto. Esto nos anima. Nos despedimos”.