OMPRESS-REPÚBLICA DEL CONGO (19-04-21) La archidiócesis de Pointe-Noire, en el Congo-Brazzaville, es uno de los 1.116 territorios de misión, a los que dedican sus desvelos las Obras Misionales Pontificias, gracias a la generosidad de fieles de todo el mundo con la labor misionera de la Iglesia. Es una Iglesia pobre, presidida desde 2013, por un obispo español, el misionero Miguel Ángel Olaverri.

En esta entrevista concedida a las Obras Misionales Pontificias, este obispo “navarro-congoleño” habla de las dificultades que afrontan para sostener el Seminario Menor en la diócesis, y la formación de los seminaristas mayores que acuden al Seminario de Brazzaville, la capital del país. El año pasado, OMP les hizo llegar, como cada año, casi 78.000 euros, destinados a este fin, al futuro de la Iglesia que son sus seminaristas. La entrevista entera se puede escuchar aquí.

P: ¿Cómo es la diócesis de Pointe-Noire?

Tenemos una zona urbana y una zona de selva, una zona rural. En la zona urbana son 23 parroquias en estos momentos, y estamos casi fundando una nueva parroquia cada año, y en ocasiones dos. En la zona rural que es casi todo selva, algunas de difícil acceso, tenemos en estos momentos 17 parroquias. En cuestión de evangelización hay diferencias notables, de poder desplazarse o no, de tener acceso a la formación de los catequistas, al seguimiento de las comunidades… en la zona rural los visito mucho menos que en las parroquias de la ciudad.

P: ¿Cómo se forman los seminaristas en su diócesis?

En mi diócesis tengo un Seminario Menor, es decir, allí donde se preparan aquellos que después del bachillerato pueden acceder a los estudios superiores de Filosofía y Teología, y que pueden ir luego al Seminario Mayor. En el Seminario Menor tenemos chicos de entre 14 y 18 años; actualmente son 52. El Seminario Mayor, en el caso del Congo, acoge a los seminaristas de las 9 diócesis del país. Está en Brazzaville, en la capital, a 650 km de Punta Negra, y ahí tenemos este año 32 seminaristas mayores entre Filosofía y dos años de Teología. En nuestro caso son dos años de estudios de Filosofía, un año en medio de prácticas pastorales en la parroquia, y siguen con cuatro años de Teología y después, cuando acaban, tienen todavía dos años antes de la ordenación sacerdotal, uno para prepararse al diaconado, otro año entero como diáconos, y luego ya la ordenación sacerdotal.

P: Estos seminaristas son bocas que hay que alimentar, son chicos qué hay que formar, hay que pagarles profesores…

En estos momentos se está atravesando una situación muy difícil, no solo por la pandemia del covid-19, sino también porque ya hace 3 ó 4 años que el Congo atraviesa una crisis económica muy fuerte. Ahora mismo estamos de campaña electoral del presidente para el día 21 de este mes, pero la realidad es que estamos teniendo dificultades muy grandes para poder sostener los seminarios. En el Seminario Menor los padres colaboran, pero con la situación actual en que hay muchísima gente que dependen de empresas que vienen de fuera, que han perdido el trabajo. Por eso, hay una dificultad muy grande para que los padres puedan participar en lo que se les pide. Respecto al Seminario Mayor, en que dependen totalmente de la diócesis, este año y el año pasado hemos tenido situaciones de bloqueo porque no se ha podido pagar lo que había que pagar; al punto que la Conferencia Episcopal ha decidido, a partir del año que viene poner un “numerus clausus”, es decir un número fijo por diócesis, y no poder admitir todos los que se querrían admitir porque no llegamos a sostener los seminarios. Por eso, para nosotros, la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol para nosotros es importante, sabemos la dificultad. Desde Roma ya se nos ha advertido que este año habrá muy pocas ayudas en todo lo que son proyectos y sostenimientos de seminarios y demás; pero nosotros siempre confiamos en que la gente, de una manera u otra, será sensible también a estas vocaciones, al mantenimiento de estas vocaciones.

P: Aún así, los mismos seminaristas colaboran en el sostenimiento de su seminario.

En el Seminario Mayor de Brazzaville, que en estos momentos tiene casi 200 seminaristas mayores llegados de todas las diócesis del Congo, se montó una panadería con la ayuda de las Obras Misionales Pontificias y la obra de San Pedro Apóstol. Esto al principio no marchaba, pero en estos momentos va bastante bien. Es un barrio muy poblado donde está el Seminario Mayor, y el hecho de que esta actividad marche bien redunda en beneficio de poder sostener más el Seminario. Tienen también algo de agricultura, no mucho, porque tampoco hay demasiado terreno. En el Seminario Menor de mi diócesis tenemos cría de animales: cerdos, gallinas ponedoras; y como estamos casi pegados al monasterio de la Visitación, de monjas Visitandinas de clausura, prestan una ayuda importante al seminario, también para todo lo que es desarrollo de la granja.

P: ¿Cómo podemos ayudar a estos jóvenes que Dios llama en los territorios de misión al sacerdocio o la vida religiosa?

Tenemos necesidad de ayuda y esta ayuda, la primera de todas, es una ayuda directa en la oración. Yo estoy convencido que el estar presente en la oración de cada día de mucha gente que sabemos que está rezando por nosotros, es no solo un consuelo, sino una fuerza muy grande para seguir adelante.

Como en todas las cosas, el dinero es necesario; yo os animaría a que todos los que podáis ayudar a sostener las vocaciones en África, en el Congo, y en otras partes, a través de la Obra de San Pedro Apóstol, que lo hagáis, y a través de las Obras Misionales Pontificias y que lo hagáis con alegría, que sepáis que todo lo que se da no se os resta, al contrario se multiplica en generosidad de Dios con vosotros. El otro día me llevé la sorpresa de una señora que ya tiene 92 años y me dio una contribución muy importante para la diócesis. A nosotros nos toca pedir porque estamos ahí para tender la mano, porque esto es para los demás. Animaros a ser generosos y sabed que mi oración y mi recuerdo por vosotros os acompaña cada día en la Eucaristía.