OMPRESS-REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO (4-06-21) El misionero portugués Claudino Gomes manifestaba al periódico de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, la creciente inestabilidad en el este de la República Democrática del Congo. “La violencia en Kivu del Norte va en aumento y en Butembo nuestra misión es objetivo de grupos de manifestantes, que desafían cada vez más la presencia de tropas de la ONU en la región. Tenemos miedo de ser atacados en cualquier momento, estamos preocupados porque esta es una guerra ‘en trozos’, que diezma a miles de personas y es casi ignorada por los medios e instituciones que deberían hacerse oír más. Pero siempre hemos estado aquí, nos quedamos y vivimos con las personas a las que fuimos enviados a servir, en nombre de Jesús”, manifestaba el misionero comboniano. Su misión la desarrolla en condiciones de gran estabilidad, donde días de aparente normalidad se alternan con periodos de tiroteos, saqueos, violencia, muerte y destrucción.

La creciente hostilidad contra Monusco (la misión de la ONU para la estabilización en la República Democrática del Congo), explicaba el padre Gomes, es provocada por las reiteradas acusaciones de que no hace nada por proteger a la población contra la violencia de los grupos armados.

Todas las actividades comerciales en Butembo, una ciudad de más de 2,5 millones de habitantes, fueron suprimidas durante más de diez días por los llamados “grupos de presión”, explicó el misionero, y se prohíbe toda circulación nocturna. “Además, continuó, en una reunión de los líderes de estos movimientos de base, supimos que habían organizado el saqueo de nuestra casa en Butembo, donde se alojan seis misioneros y 19 seminaristas de diversas zonas del Estado. Los rebeldes creen que aquí se esconden agentes de Naciones Unidas. Gracias a Dios, uno de los participantes en ese encuentro logró convencer a los demás de que era solo un seminario para religiosos. Pero seguimos siendo un objetivo: escuchamos a la gente gritar: ‘wacomboni watoke’, que en suajili significa ‘combonianos, iros’”. El padre Claudino también dijo que se escucharon disparos de ametralladoras no lejos de casa. A pocas manzanas, una manifestación fue dispersada por el ejército y la policía y, durante la huida, muchos jóvenes saquearon e incendiaron una oficina de la administración pública que se encuentra al lado del edificio de los combonianos, que fue apedreado. “Daños colaterales, observó el padre Claudino, resultado de la enorme tensión social que existe aquí y que podría aumentar”.

No se trata solo de la violencia de los grupos locales y los conflictos interétnicos entre los kumus, un grupo étnico hutu de Ruanda, y los nande, un grupo étnico mayoritario de origen ugandés, lo que refuerza la inestabilidad política y social en la región. Durante décadas esta región ha tenido que afrontar también masacres casi diarias y la violencia atribuida a las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), nacidas en la vecina Uganda y establecidas en el este del Congo en 1995 con el objetivo de crear uno de los llamados “Estados Islámicos”. Solo en 2020, la Adf fue acusada de haber asesinado a más de 800 civiles, tanto en Kivu del Norte como en Kivu del Sur. “El 10 de abril, en Goma, capital de la provincia de Kivu del Norte, 400 km al sur de Butembo, hubo varias muertes en conflictos interétnicos entre kumu-hutus, tutsis y nandes” explicaba el misionero a L’Osservatore Romano. Estos últimos se sienten cada vez más amenazados por la creciente influencia de las etnias ruandesas, especialmente en la capital de Kivu del Norte, pero también en Mutembo y en Beni, donde se han usurpado tierras agrícolas productivas, especialmente de cacao, incendiando casas y asesinando brutalmente a los campesinos nande. “Rezamos para que el odio que rodea Goma no se extienda también aquí”, dice el padre Claudino. “La República Democrática del Congo es muy grande, pero se está ‘balcanizando’, como dicen, y pierde el control del territorio nacional”.